IGR: 0049. Versión: 155. Rima: á. Hemistiquios 62.
Encinasola de los Comendadores (ay. Encinasola de los Comendadores, p.j. Vitigudino, Salamanca, España)
Madrugaba el conde Linos mañanita de San Juan-
a darle agua a su caballo a las orillas del mar.
Mientras mi caballo bebe le vino un rico cantar:
camisa, la mi camisa, ¿quién te pudiera lavar?
lavarete y toreceréte, tenderete en el rosal.
La reina que lo escuchaba desde su palacio real.
¡Cómo canta la sirena, la sirenita en la mar!
No es la sirenita, madre, no es la sirenita tal,
que es el hijo el conde Linos, mis amores vienen ya.
Si tus amores vinieran yo los mandarla matar.
Madre, si usted los matara, a mí me irían a enterrar.-
Ella se murió a las once, y él a los gallos cantar.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Yella se volvió una oliva y él se volvió un olivar;
la reina, como celosa, luego los mandó cortar
y el varón que los cortaba no cesaba de llorar.
Ella se volvió paloma y él un pichoncito real;
la reina, como celosa, luego los mandó matar
y el varón que los mataba no cesaba de llorar.
Yella se volvió una garza y él se volvió un gavilán;
la garza, como ligera, de un vuelo pasó la mar,
y el gavilán, como torpe, de dos lo vino a pasar.
Ella se volvió una ermita y él se volvió un rico altar
y por el medio pasaba la fuente del perenal,
donde cojos, ciegos, mancos, todos se iban a sanar./
Llegó a oídos de la reina, luego se encaminó allá.
Por Dios te pido, mi hija, por Dios y por caridad,
me deja lavar los ojos en la fuente perenal.
Madre, lávese usted un ojo, del otro no verá tal,
que cuando me volví oliva, luego me mandó cortar,
cuando me volví paloma, luego me mandó matar,
y ahora que me ve usted santa ya me viene a visitar.