IGR: 0023. Versión: 83. Rima: í-o. Hemistiquios 36.
Pido (ay. Camaleño, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Potes, Santander, España)
Leolfredo, Leolfredo, mi camarero leal,
si fueras rico en hacienda como eres galán pulido,
dichosa fuera la dama que se casara contigo,
Como soy vuestro criado señora, os burláis conmigo,
No me burlo, Leolfredo que de veras te lo digo.
Quién te cogiera una noche tres horas a mi albedrío.
Dígame usted, señora, cuándo sea prometido.
A las diez se acuesta el rey a las once está dormido,
a las doce es la ocasión cuando canta el gallo pío.
Después que lo halló en silencio por la escalera se ha subido,
y en el medio de la escala Leolfredo echó un suspiro,
y la infanta que lo oyó estas palabras le ha dicho:
¿Quién me ronda mi palacio, quién es el gran atrevido?
Le juro por el rey mi padre que yo le daré el castigo.
Soy Leolfredo, señora, que vengo a lo prometido.
Dispénsame, Leolfredo, que no te haya conocido.
Le ha agarrado de la mano, pa la celda le ha metido;
se acostaron en la cama como mujer y marido.
A eso de la medianoche el rey un sueño ha tenido,
o que duermen con la infanta o que roban el castillo.
Para salir de la duda una vuelta dio al castillo.
Llegó al cuarto de la infanta y los encontró dormidos.
Aquí os dejo mi espada que os sirva de testigo.
Y otro día a la mañana la infanta echó un suspiro.
Levántate, Leolfredo, que ya somos conocidos,
que la espada de mi padre con nosotros ha dormido.
¿Por dónde me iré, señora, que no sea conocido?
Vete por esos jardines cogiendo rosas y lirios.
¿De dónde vienes, Leolfredo, que vienes descolorido?
O has tenido calentura o con la reina has dormido.
El castigo que merezca démele usted, señor mío.
El castigo que mereces ya le tienes prometido,
que antes de las diez del día seáis mujer y marido.
Tengo hecho juramento a la Virgen de la Estrella,
mujer que sea mi dama de no casarme con ella.
Sigue el romance de La Condesita, incompleta [ficha nº 4345].