IGR: 0023+0110. Versión: 194. Rima: í-o+á. Hemistiquios 98.
Zamora (ay. Zamora, p.j. Zamora, Zamora, España)
La guerra se ha publicado por Francia y por Portugal
y a Gerineldo lo meten de capitán general.
Y la dama, que lo supo, no cesaba de llorar:
¿Por quién lloras, mi princesa?, ¿por quién tanto suspirar?
Porque me han dicho que marchas de capitán general.
Si te han dicho que me marcho, te han dicho la verdad;
si a los siete años no vengo, a los ocho casarás,
y, si eres mujer de bien, a los nueve aguardarás.
Pasan los ocho y los nueve y Gerineldo no va.
Écheme la bendición, padre, que el conde voy a buscar.
¿Qué bendición quieres que te eche? La de Dios, que cuesta más.
Se vistió de romerita y ha empezado a caminar;
en el medio del camino con un pastor vino a dar:
Pastorcillo, pastorcillo, tú me dirás la verdad:
¿de quién son esas ovejas que traes a pastorear?
De Gerineldo Larada, mañana se va a casar;
los carneros ya están muertos, el pan masándolo están.
Pastorcillo, pastorcillo, ¿me vendrías a enseñar?
Eso no lo haré, señora, eso no lo haré yo tal;
están los campos muy verdes y los ganados se me irán.
Si te se van los ganados, muy bien pagados se irán;
aquí traigo dos mil duros y en la fratiquera más.
La ha agarrado de la mano y ha empezado a caminar;
ha andado siete castillos sin ninguna cosa hallar;
mas al menos de los ocho con el conde vino a dar:
¿Me darás una limosna por Dios o la caridad/
Dios le ampare a la romera, que no le tengo qué dar.
Algún día en mi palacio limosna solías dar.
¿Quién es esa romerita tan discreta en el hablar?
Soy de la orilla del río. ¿Qué se corre por allá?
De Gerineldo Larada, poco bien y mucho mal,
porque ha dejado a su esposa por nueve años o más.
Pues, ¿cómo, si eres mi esposa, cómo señas no me das?
Aquí traigo un cordón de oro que te costó una ciudad.
Al oír estas palabras cae desmayado pa atrás.
Levántate tú, buen conde, si te quieres levantar,
que aquí traigo los mis brazos con que te solía abrazar
y aquí traigo los mis labios con que te solía besar.
Al oír estas palabras el conde levanta ya:
Criados, los mis criados, los que coméis el mi pan,
coger esa romerita y llevarla a pasear
por la calle de la otra, que ya vos preguntará.
Al asomarse al balcón los sus criados vio pasar:
Criados, los mis criados, los que coméis el mi pan,
¿quién es esa romerita que traéis a pasear?
Estos no son tus criados, los que comen el tu pan;
yo soy la mujer del conde y le he venido a buscar.
¡Bien dicen que amores primeros son tarde de olvidar;
encinta de siete meses, conde, me vas a dejar!
(Precede el romance de Gerineldo, 0023.)