IGR: 1884. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 56.
España
Al venturoso Cegri la hermosa Celidaxa
con más lágrimas que letras está escribiendo una carta.
Soberbio es el sobrescrito, que es soberbia su esperança;
«Al ídolo de mi gusto tan al justo de mi alma.
Si temo viéndote ausente no te admires, prenda cara,
porque este monstruo de ausencia pare imposibles mudanças;
y más tú, olvidado moro, que con encomiendas flacas
sabes hacerte tan fuerte que borras memorias hartas.
Hablo, amigo, de experiencia que conozco tus ventajas,
y temo propias sospechas cuando a agenos tierras vayas.
Tu descuido me promete cuidado, por nueva causa,
que eres para ser querido, no te faltarán esclavas.
La que dexaste en Toledo, con tu memoria descansa;
quiera Alá, dichoso moro, que alla esté desocupada.
En mi coraçón te mira las tardes y las mañanas,
que el espejo de mi pecho son tus primeras palabras.
En mi alma tu fé guardo si es que cual tuya la tratas;
ven, visitala, Zegrí, que se confiesa agraviada.
Si me engañares, al menos una mujer flaca engañas,
culpada de voluntad que no pequé de ignorancia.
Ay, moro del alma mía! . . .». Aquí suspensa, y turbada,
renovando sentimientos, borra las letras que estampa.
Crece el nublo de suspiros, los ojos el papel bañan,
falta a la mano el aliento y a la pluma tinta falta.
La mora que las encierra como es la mora encerrada,
tocó a recoger el cuarto de la reina y de las damas.
Celidaxa dobló el pliego, y a quien lo que es le demanda,
dice que son devociones que pasa cada semana.