Presagios del labrador v4

IGR: 0818. Versión: 4. Rima: é-a. Hemistiquios 116.

Las Navas (ay. La Aldehuela, p.j. El Barco de Ávila, ant. La Aldehuela, Ávila, España)

La rueda de la fortuna    nunca se pudo estar quieta,
de media roda que distes    me trajistes a esta tierra;
no me pesa haber venido    ni tampoco estar en ella,
que he visto la mejor dama    que cria naturaleza,
asomadita a un balcón,    muy adornada y compuesta.
La dije: –Señora dama    como si la conociera.
Déme un clavel, si ella quiere,    de esos que tiene a par della.
¡Mira cómo me le pide    el pícaro sin vergüenza!
Calle usted, señora dama,    que es al uso de mi tierra,
los galanes como yo    regalan a las doncellas,
ellas nos dan para guantes,    y acá pa zapato y media.
Si quiere conversación    suba arriba la escalera.
No acabó de prenunciarlo,    cuando ya se plantó en ella.
La dama cerró el balcón    y el galán cerró la puerta;
las vecinas, que lo vían,    decían: –¡Poca vergüenza!.
Mi marido no está en casa,    que está a recoger su hacienda.
Y el corazón le decía:    Vete a tu casa y no vuelvas,
que tienes una mujer    que te hace dos mil ofensas.
¿Cómo podía ser eso,    si mi mujer es tan buena?.
Deja el caballo que corre,    coge la mula que vuela;
ves dejando los caminos,    ves cogiendo las veredas.
Al entrar en la ciudad    su casa está la primera.
Todo lo ha hallado cerrado,    lo que no se usaba en ella;
con un puñal que traía    hizo un bujero a la puerta,
primero metió los pies,    luego metió la cabeza,
el caballo, que no cupo,    atado a la reja queda,
como mula de dotor    que siempre queda a la puerta.
Se ha ido para la cocina,    por ver quién estaba en ella:
el gatito y la gatita    lamiéndose la cazuela;
de un puntapié que les dio    los echó las tripas fuera.
Se ha ido para la sala    por ver quién estaba en ella.
Ha visto una bujía    luciendo sobre una mesa.
¿Qué muertos hay en mi casa    que los alumbran con cera?.
Se ha ido para la alcoba,    por ver quién estaba en ella:
el galán y la galana,    durmiendo y a pierna suelta.
Le dio siete puñaladas,    que de la menor muriera.
Despierta la condenada,    que en su sangre se revuelca.
Dispierta, falsa traidora,    falsa traidora, dispierta,
¿qué te faltaba en mi casa    pa haberme hecho tal ofensa?.
Si te faltaba dinero,    haber vendido una prenda;
si te faltaba criada,    haber metido una negra;
si te faltaba marido,    haberme escrito dos letras,
que bien sabes escribir,    ¡ojalá Dios, no supieras!
Coge esa niña en tus brazos,    dala la leche postrera;
coge esa bula en tus manos    y confiésate con ella,
que no hay confesor más cerca    ni te doy lugar siquiera.
Al decir «Jesús, pequé»    el corazón la atraviesa.
Ha calao siete colchones,    sábanas y delanteras,
y de humadas que no cuento,    que pasan de media `ocena.
Coge la niña en sus brazos,    se va para en ca la suegra.
Toma esa niña en tus brazos    que tu hija muerta queda.
¿Cómo podía ser eso,    si anoche cené con ella?.
Coja esa niña en sus brazos,    no haga otro tanto con ella,
a otra vez que críes hijas,    críalas con más vergüenza.
Se marchó para la plaza    tirando va la montera.
Venir, venir, carniceros,    en mi casa carne queda:
un novillito de quince    y una novilla pequeña.
Si toos hicieran lo mismo    se acababan las cornamentas.

Bibliografía:
Recitada por Josefa. Recogida por Ramón Menéndez Pidal, 1905 (fecha deducida) (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en IGR-vulgar 1999, pp. 103-105 (tipo B).