IGR: 5132. Versión: 1. Rima: é-o. Hemistiquios 206.
Chile s. l. (Chile)
Atención, noble auditorio, todos sáquense el sombrero,
que me hallo en disposición de abandonar lo terreno,
y para morir sin reato quiero hacer mi testamento,
porque al que muere intestado el cura le saca el sexto .
Así, todos los presentes estén acordes y atentos,
y, para hacerlo mejor, sean mis testigos, quiero.
En el nombre del Creador; que hizo la tierra y el cielo,
sepan cuantos esta carta vieren de mi testamento,
como yo, Tomás Mardones, natural de aqueste pueblo
que llaman de Santa Cruz, o Colchagua, qu` es lo mesmo,
soy hijo de don Domingo Mardones, y harto lo siento,
y doña Fidela Ahumada, a quien Dios tenga en su reino.
Item, declaro que fui casado y velado a un tiempo;
no declaro ningún hijo, porque a la fecha no tengo,
ni siquiera naturales, porque no he sido par` ello.
Y para abreviar la historia, vamos a mi casamiento,
que para encontrar mujer me fui a tierra de unos lesos,
donde les dije: –Soy rico, y joven de gran talento.
Como la niña era beata, yo aparentaba lo mesmo;
haciendo de tripas guatas y quebrando de mi genio,
hablaba de cosas santas y de grandezas del cielo,
de historias, vidas de santos, de lo espiritual y eterno,
y algunas entreveradas de grasa, de charqui y sebo,
dando a entender qu` en mi tierra tenía buenos potreros
y muchas reses de engorda, como igualmente carneros;
a un tiempo les decía qu` era muy buen mensurero.
A todas estas razones m` escuchaban muy atentos,
y decían: –No es capaz perder a este caballero;
logremos esta ocasión, que habrá venido del cielo.
¡Oh, qué feliz nuestra hija, decían, si tiene acierto!
Me hacían ponches en ron, y aunque estuviesen muy buenos
los probaba y los dejaba, más que mi ansioso guargüero
se los quisiera tragar, pues lo tenía tan hecho
a tomar, en Sarita Cruz, a cántaro y vaso lleno.
Harto me mortifiqué y ayuné días enteros,
mas tuve felicidad y todo me lo creyeron.
Por fin, que ya se llegó el deseado casamiento:
siempre ayuné el primer día, el segundo y el tercero,
mas, al cuarto ya empecé a acordarme de mis tiempos.
Cuando se acabó la boda y los parientes se fueron,
dije: –¡Aquí sí qu` es la mía! y pregunté por un cuero.
Mandé buscar una arroba , mas, no llegando tan luego,
hice traer mi caballo y me fui donde un fondero
Le dije: –¡Amigo, ya me ardo, écheme diez vasos llenos,
mándeme guardar mi avío y, juntamente, el secreto!
M` hizo una cama muy linda en un precioso aposento,
donde me llevé tres días sin mirar al sol ni al cielo.
Mi nueva esposa, afligida, soñaba de que era muerto,
y después decía a solas: ¡No haberme salido cierto
aquel sueño que soñé! ¡No estaría padeciendo!
Porque tres años felices se los pasó en sufrimientos.
Y aprendan todos los que oyen a echar mujeres al cielo,
y no les den buena vida, pues padecen en lo eterno.
Y la mujer, como débil y de menos sufrimiento,
mejor que padezca aquí, para no probar el fuego,
ya que no es posible aguante el purgatorio un momento.
Y si hubiera alguna joven que aspire a ganar el cielo,
no tiene más que avisármelo con anticipado tiempo,
y en menos que canta un gallo armamos el casamiento.
Yo le protesto de que pasará aquí su tormento,
qu` es mucha felicidad el no caer al infierno,
pues los bienes d`esta vida sólo duran un momento.
Ítem, declaro mis bienes, que son unos instrumentos
de mensura, con los cuales he mensurado terrenos.
Ellos constan de una cuerda que de largo tiene un tercio,
y no tienen que tasarla, pues me importó siete y medio,
Una planchuela de palo, qu` es la que pongo en el suelo,
con sus triángulos y escalas y sus tornillos de fierro.
Ítem, dejo cuatro lápices y tres compases de acero.
Ítem, declaro más bienes; son: un precioso terreno
del mar a la cordillera, y cuanto mis ojos vieron
de montañas y pastales, y algunos animalejos,
como leones y guanacos, y muchos zorros, entre ellos.
Ítem, a mis albaceas mando que con mucho arreglo,
en cuanto tengan noticias del triste fallecimiento,
se haga luego un inventario, para saber lo que dejo,
y que de todos mis bienes, según previene el derecho,
tomen cómputo o montón y se saque quinto y tercio.
El quinto se le dé al cura en total, sin faltar medio,
para que todo lo invierta en mi funeral y entierro.
Se me hará entierro mayor, preparando el monumento
con todas las candilejas que necesita el ferétro.
Previa será la cruz alta y también el paño negro,
y todas estas exequias se pagarán en dinero.
Ítem, declaro que a nadie ningún centavo le debo,
no por dejar de pedir, porque siempre fui de arresto,
[sino porque fui dichoso, que nadie me prestó un peso,
ya fuera por desconfianza que no le pagara medio,
o sería caridad, que todos me la tuvieron,
y no me querían ver de los dos pies en el cepo.
Ítem, mando se repartan d` estos dos nobles consejos:
el primero es de que todo aquel que tenga dinero,
que se divierta con él, qu` es aprov achar el tiempo;
el segundo es de que nadie deje algo para su entierro,
porque a más de no enterrarlo, han de pelear sobre el cuerpo,
chuparán en el velorio, y dirán: –¡El muerto es muerto!
¡Gracias a Dios de que yo, Tomás Mardones, no dejo
ni licor para que beban y muero con tal consuelo!
Lo que otros dejan atrás, yo me lo chupé con tiempo,
ni tendrá ningún ocioso que removerme los huesos,
ni decir entre sus gustos: Toma, ratón cicatero,
que fuiste mártir del diablo; ya lo estarás padeciendo.
No, no lo verán en mí, sepan todos, caballeros.