IGR: 0140. Versión: 6. Rima: á-a. Hemistiquios 47.
Cañicosa (ay. Matabuena, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
El rey moro tenía un hijo que Raimundo se llamaba,
a la edad de quince años se enamoró de su hermana.
Viendo que no podía ser cayó malito en la cama
con dolores de cabeza y calentura muy mala.
Ha subío su padre a verle: ¿Qué tienes hijo del alma?
Padre, tengo calenturas que me traspasan el alma.
¿Tu te tomarías un ave de esas que vuelan por casa?
Padre, yo sí que me la como, si me la guisa mi hermana–.
Era en tiempo de verano, ha subido en faldas blancas
aquella blanca paloma que su sangre fue manchada.
Al entrar en la habitación se ha tirado de la cama
y le ha vendado los ojos con una cinta encarnada.
Entonces le dijo ella: ¡Detente, que soy tu hermana!
Aquella pobre mujer de su sangre fue manchada.
Un día estaba comiendo su padre la remiraba.
¿Padre, qué me mira usted, qué tengo yo en esta cara?
Tienes la cara amarilla, la ropa muy abultada–.
La llevan a en ca` los médicos para que bien la operaran;
unos la ponen de pie, otros la ponen sentada,
el que la puso de pie dijo que estaba opirada.
¿Con qué la opirada fue?
Con una rubia camera que a la cuna la arrojaba
¡Válganme las tres Marías, válgame la Soledad!
mi padre tuvo la culpa que yo me vea deshonrá.