Tamar v5

IGR: 0140. Versión: 5. Rima: á-a. Hemistiquios 84.

Carbonero el Mayor (ay. Carbonero el Mayor, p.j. Segovia, Segovia, España)

Tres hijas tenía un rey,    todas tres como oro y plata,
la más chiquitita de ellas    Altamara se llamaba.
Collar de oro traía al cuello    y a su hermano enamoraba;
lleno su hermano de amores,    malito cayó en la cama.
Subiera su padre a verle    un día por la mañana.
¿Qué tal te va, mi don Pedro,    qué tal te va en esta cama?
A mí bien me va, mi padre,    mejor que ayer tarde estaba.
¿Qué comerás, el don Pedro,    qué comerás que te traigan?
Yo bien comiese, mi padre,    los menudos de una pava.
Altamara me los guise,    Altamara me los traiga,
Altamara venga sola,    venga sola y sin compaña;
con el ruido de la gente    más calentura me entraba.
Por la escalera de amores    sube la linda Altamara,
lleva en una mano el plato    y en otra lleva la jarra,
y en su brazo derecho    un paño blanco de holanda.
Buenos días, mi don Pedro,    ¿qué tal te va en la cama?
Los tus amores, traidora,    me tienen en esta cama.
Los mis amores traidores    para ti no valen nada.
La cogió de los cabellos,    se la metiese en la cama,
hizo de ella lo que quiso,    hasta escupirla en la cara.
Anda vete, tuna, vete    pa donde las otras andan,
que tu honra valía mucho,    ahora ya no vale nada,
no diera yo por tu honra    los cascos de una avellana.
Por la escalera de amores    baja la linda Altamara
retorciéndose los dedos    y sus anillos quebranta.
En medio de la escalera    sentado su padre estaba.
¿Qué tal queda mi don Pedro,    qué tal se queda en la cama?
El don Pedro bueno queda,    yo bajo muy enojada.
Como el don Pedro esté bueno,    tus enojos no son nada.
Se fuese por una sala    y donde el sol la rayaba.
¡Justicia venga del cielo    ya que en la tierra no la haya
y caiga un rayo del cielo    para mi hermano en la cama!
Aún la palabra no ha dicho    cuando a Dios se le atajaba;
unos cargan con los pies,    otros cargan con el alma,
y el más chiquitito de ellos    con el colchón de la cama.
Alto, alto, caballeros,    que una palabra me queda:
la silla de mi caballo    me pongan de cabecera,
y mi manto colorado    me pongan de cobertera,
y a mi mano derecha    me la pongan tierra afuera
con un letrero que diga:    «Aquí murió malogrado;
no murió de calentura,    ni tampoco de costado,

Otros datos:
42 que murió de mal de amores, que es mal desesperado".

Bibliografía:
Recitada por Josefa López. Recogida por Agapito Marazuela Albornos, antes de 1933. (Archivo: AMP; Colec.: Agapito Marazuela 1933). Publicada en TRC-Segovia 1993, pp. 132-133.
[0101 No me entierren en sagrado contam.]