IGR: 0140. Versión: 101. Rima: á-a. Hemistiquios 80.
Vega de los Viejos (ay. Cabrillanes, p.j. León, ant. Murias de Paredes, comc. Babia, León, España)
El rey tenía dos hijos, ambos son como una plata,
uno se llama Altamón, la otra se llama Althamara.
El pícaro de Altamón se enamoró de su hermana;
desque no pudo gozarla, se hizo malito en cama.
Todos médicos le miran, ninguno le sentenciaba;
siendo el más viejo de ellos su enfermedad le declara:
Tiene una calenturita, que otro mal en él no se halla.
¿Qué has de comer, Altamón, hijo mío de mi alma?
Lo que he de comer, madre, la pechuga de una pava,
que Althamara me guisara.
Los padres tanto le quieren le conceden la palabra.
Aprisa, aprisa, Althamara, aprisa, aprisa a guisarla.
Por las puertas de Altermón entra la linda Althamara,
n` una mano el guisadillo, en la otra una jarra de agua,
vestida de raso verde desde los pies a la cara.
¿Tú qué tienes, Altamón, qué tienes en esa cama?
Dolor de cabeza, hermana y una calentura falsa,
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .] que entre tus ojitos anda.
Si entre mis ojitos anda, no te muevas de la cama.
Sacara sus manos blancas la metió para la cama,
hizo de ella lo que quiso hasta escupirle en la cara.
Anda, mujer, pa las otras, que ahora ya vas deshonrada;
yo por tu hermosura doy el casco de una avellana.
Hinca una rodilla en tierra, y una voz al cielo clama:
¡Venid, demonios, venid, llevadle y en cuerpo y alma!
Las palabras no están dichas, la sala ya está rodeada.
Unos cargan con el cuerpo y otros cargan con el alma.
Por las puertas de Altamón sale la linda Althamara,
voces daba al mediodía, voces daba a la mañana.
Bien la oyera la su madre de altas torres donde estaba.
¿Tú qué tienes, Althamara, hija mía de mi alma?
¿Cómo queda el mi hijo, cómo queda en esa cama?
El su hijo queda bueno, pero yo vengo enojada.
Como el mi hijo esté bueno, por tus enojos no hay nada.
Calla, la mi hija, calla, calla, mi hija galana,
que a ti te he de meter monja del convento `e Santa Clara
y a él le he de mandar ahorcar en una horca cristiana.
Buena horca tiene ya, que en los infiernos estaba.
La madre, en viendo esto, se echó a andar para la sala;
allí no halló al hijo, pero tampoco a la cama.
¿Cómo le había de hallar si en los inviernos estaba?