IGR: 0113. Versión: 94. Rima: é. Hemistiquios 22.
Santiago (Santiago, Chile)
Éste es el Mambrú, señores, que lo cantaré al revés.
¿Ha visto usté a mi marido en la guerra alguna vez?
Por si yo lo hubiese visto deme usté las señas d`él.
Mi marido es muy buen mozo, muy gentil y muy cortes;
en la punta de la espada lleva un pañuelo escocés
que lo bordé cuando niña; cuando niña lo bordé.
Con cuatró niñas que tengo muy solita me quedé,
y yo pienso colocarlas a las cuatro de una vez:
una en casa `e doña Juana, otra en casa `e doña Inés;
una se queda conmigo y otra se va con usté.
pa que le cosa y le lave y le haga de comer.
Comentario de V. C. : Dice el señor Menéndez Pelayo: «Es lugar común en la poesía popular el reconocimiento del marido que vuelve de la guerra. . . En rigor, el asunto es humano, y su expresión más poética y más antigua está ya en la Odisea; pero es tal la semejanza que tienen estas canciones en algunos pormenores, especialmente en lo que toca a las señas del marido, que hace pensar en la transmisión directa de un tema original, nacido no se sabe dónde». (Antología, t. X, pág. 85). Nada más exacto que esta observación. Comparando las diversas canciones que tratan este argumento, hay que convenir en la existencia de una fuente común, hasta ahora desconocida. La confrontación no es procedente en este lugar, porque resultaría demasiado prolija y seguramente desproporcionada con respecto al interés de los lectores por esta clase de asuntos. Sin embargo, no está. de más notar los pasajes en que mayor semejanza se advierte, completando el dato con las indicaciones bibliográficas indispensables para el lector que quiera ir más allá. Señalaré como principales puntos de comparación, además del reconocimlento mismo, que es muy parecido en todas. las canciones, las señas del marido dadas por la esposa, la circunstancia de haber partido éste a Francla, la manera como refiere, engañando, su propia muerte, y, finalmente, la resolución de la esposa de aguardarle todavía un número determinado de años al fin de los cuales, si no vuelve, ofrece profesar en un monasterio. Estas coincidencias no pueden ser casuales y aunque no se encuentran reunidas en la totalidad de las variantes, no dejan de presentarse uno o más de estos episodios en todas las que yo he leído y que el lector hallará en las siguientes obras: (. . . sigue una bibliografía de lo visto y de lo que no ha podido consultar. Al final observa: «[Esta última variante], cuya difusión en Chile debe de ser relativamente moderna, sirve para acompañar un juego de niñas. En el Folk-lore Español, t. III, p. 89, hay una versión parecida, aunque más breve, que tiene allá el mismo empleo.»)