Señas del esposo v37

IGR: 0113. Versión: 37. Rima: é-a+í-o. Hemistiquios 50.

Vierdes (ay. Oseja de Sajambre, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Sajambre, León, España)

El conde Flores, señores,    dicen que se va a marchar
y que deja a su esposita    de trece años na más.
Si a los siete años no vuelvo,    condesa, te casarás.
Entre los siete y los ocho    la condesa da en llorar.
¿Por qué lloras, condesita?    ¿Por qué tengo de llorar?,
yo lloro por mi marido,    que ya no vuelve más.
Se viste de peregrina    y por el mundo se va.
En el medio `e la montaña    con un soldado se alcuentra,
que estaba allí descansando,    que venía de la guerra.
¿Dónde va usted, condesita,    sola por este camino?
Por estos mundos de Dios    a buscar a mi marido.
¿Dónde viene usted, soldado,    solito por esta tierra?
Estoy aquí descansando,    porque vengo de la guerra;
¿tiene usted padres o hermanos    o alguno que le duela?
Tengo allá a mi maridito,    que me da bastante pena.
¿Cuánto diera usted, condesa,    si viera usté a su marido?
Yo daría dos molares    que tengo junto a aquel río.
Más daría usted, señora,    que más vale su marido.
También daba una dehesa,    con palacios y castillos.
Más daría usted, señora,    que más vale su marido.
También daba veinte yeguas    que tengo, con diez potrillos.
¿Y no daría usted, señora,    ese su cuerpo florido?
¡Y una soga también daba    pa llevarte para el río!,
si yo llego a dar mi cuerpo,    ¿para qué quiero marido?
Buenos días, condesita,    que aquí tienes tu marido.

Bibliografía:
Recitada por Jacinta Redondo (57a en 1946). Recogida por Diego Catalán y Álvaro Galmés, 1946. (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en TOL II 1991, pp. 187-188.
[0110 La Condesita contam.]