IGR: 0079. Versión: 9. Rima: á-o. Hemistiquios 90.
La Robla (ay. La Robla, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. La Robla, León, España)
El venticinco de un mes, por cierto que ha sido en mayo,
robaron el Sacramento, para siempre y alabado.
¿No hay quien descubra este hurto, no hay quien descubra este daño?;
el que descubriera el hurto se le dan dos mil ducados.
Van a una calle arriba, ven una mujer hilando.
Señores, no me hagan mal, ni tampoco me hagan daño,
que yo descubriré el hurto, que yo descubriré el daño:
que prendan a fray Francisco que en Granada está jugando.
Prendieron a fray Francisco, preso muy aprisionado,
con cadenas en los pies y los grillos en las manos.
Ha pedido un confesor que quería confesarlo.
Veinte mil muertes he hecho con estos terribles brazos,
y otras tantas a doncellas las he desacriditado.
Maté mi padre, mi madre, y a dos pequeños hermanos;
una hermana que tenía de catorce pa quince años
gocé largo tiempo de ella, tuve dos hijos tiranos,
uno le cené esta noche y otro lo arrojé al pagano.
El confesor que esto oye pa atrás cae desmayado.
No se asuste, confesor, que estamos emprecipiando.
También entré en una iglesia y robé el cáliz sagrado,
diez puñaladas le di a mi Dios Sacramentado.
Las partículas metí en mis pulidos zapatos
y las llevé para casa y en la lumbre las he echado.
La ceniza que salió la eché al río abajo,
que el agua perdió el corriente, que da temblor el contarlo.
Confesado ya estáis, hijo, ausolverte no podía.
Viene una voz por el aire: Ausuélvele, por su vida.
Tres penitencias te pongo, cogerás la que querías.
Si te quieres hacer vela el pábilo yo lo pondría.
Eso no lo hago, señor, que luego me derretía.
Te vas a meter nun horno, la leña yo la pondría.
Eso no lo hago yo, padre, que luego me hago ceniza.
Tienes que irte a una cueva donde haiga serpientes vivas,
la más chiquitina de ellas siete cabezas tenía,
con todas siete picaba, con todas siete mordía.
Eso sí lo haré, señor, porque así lo merecía.
Tres veces te iré a ver, tres veces en cada día:
una vez a la mañana, otra vez al mediodía,
y otra vez iré a la noche cuando la sierpe dormía.
¿Cómo te va, penitente, con tu mala compañía?.
A mí bien me va, señor, porque así lo merecía.
De la rodilla pa abajo ya me lo llevan comida,
ahora van a las entrañas que era lo que más sentía.
Las campanas de los cielos tocaban a alegría,
pol ánima `el penitente que pa los cielos camina.