IGR: 0563. Versión: 3. Rima: á. Hemistiquios 62.
España
El triste rey don Alonso viviendo a más andar,
su hijo el rey don Sancho desheredado lo ha.
Con lágrimas de sus ojos estas trobas fue a trobar:
«Santa María señora, no me queráis olvidar;
caballeros de Castilla desamparado me han,
que por miedo de don Sancho no me osan ayudar.
Ha hecho darme sentencia, no seré para reynar,
véome viejo y cano, flaco para pelear.
Haré una galera negra que denote mi pesar,
e sin gobierno ninguno me porné por la alta mar,
navegando de contino por las venturas buscar,
que ya así hiciera otro rey para haber de gobernar,
Apolino fuera aqueste, yo fuera otro que tal.»
Y acabadas las sus trobas un criado fue a llamar;
diérale la su corona y que la fuese a empeñar,
que don Sancho el deseado no le había dejado más,
y la llevase allende al rey moro Abenaraf.
Viendo el moro la corona hubo mucha piedad,
llamara sus caballeros, allí les fue a hablar:
Sabed, los mis caballeros una grande novedad,
que don Sancho a don Alonso desposeído lo ha;
envíame su corona, que le dé con qué pasar.
¿Qué os paresce, los mis moros?, en esto me aconsejad.
Allí habló un moro viejo, viejo y de mucha edad:
A tal hombre como Alonso bien le debéis de ayudar,
que muy caro se te vende quien se te va a encomendar.
Él tomó el buen consejo, mandó al cristiano llamar;
diole sesenta mil doblas sin la corona tomar.
Díjole: –Dirás Alonso mucho se quiera esforzar;
cincuenta mil de caballo le pasarán ayudar,
y si estos no son parte yo enviaré muchos más.