IGR: 1537. Versión: 8. Rima: á-a. Hemistiquios 100.
Sisterna (parr. Santa María de Sisterna, ay. Ibias, p.j. Cangas del Narcea, ant. Cangas de Tineo, Asturias, España)
Caminaba Montesinos por una verde montaña,
encontrara un hombre muerto al par de una verde faya.
No conoce al caballero por mucho que lo repara
porque le estorba la vista las cintas de la celada.
Del caballo se desmonta y le descubre la cara.
¡Qué mal nos ha ido, primo, mal nos fue en esta batalla!,
que mataron a Guarín capitán de nuestra escuadra.
Cuando yo me haya muerto cuando mi vida finara
me sacas el corazón por la más chiquita llaga.
se lo envías a Guillerma al palacio donde estaba
y de mi parte le dices estas siguientes palabras:
«Muerto no se lo negumbra, vivo no se lo negara.»
Sentada estaba Guillerma de doncellas rodeada;
entre unas palabras y otras se cayera desmayada.
Le dieron un vaso de agua por ver si recordaba.
¿Qué es esto que me sucede?, a mí algo malo me pasa.
Vio venir a Montesinos al instante preguntaba:
Bienvenido, Montesinos, ¿tu primo cómo quedaba?
Mi primo quedaba bueno, mi primo bueno quedaba,
mi primo quedaba muerto al par de una verde faya,
que le saqué el corazón por la más chiquita llaga
y de su parte le traigo estas siguientes palabras:
«Muerto no se lo negumbra, vivo no se lo negara»
Estando en estas razones se cayera desmayada
Ni con vino ni con agua no pudieron recordarla.
¡Válgame la Virgen pura la divina soberana!
Notas: Al igual que en la versión de su madre, Belarmina Sal González, de quien aprendió el romance, se repiten los segundos hemistiquios.