Por el rastro de la sangre que Durandarte dejaba v6

IGR: 1537. Versión: 6. Rima: á-a. Hemistiquios 54.

España

Por el rastro de la sangre    que Durandarte dexava
caminava Montesinos    por un áspera montaña,
y a la hora que camina    aun no era bien de mañana,
las campanas de París    tocan la seña del alva.
Como viene de la guerra    trae las armas destrocadas,
sólo en la mano derecha    lleva un pedaço de lança,
de hacia la parte del cuento    que el hierro allá se dexava
en el cuerpo de Albençaíde,    un moro de mucha fama.
Lleva la asta el francés    porque le sirva de vara
para hazer andar la yegua    que la llevava cansada.
Y como vido la yerva    de tanta sangre manchada,
saltos le da el coraçon    y sospechas le da el alma
si la ha derramado alguno    de los amigos de Francia.
Confuso en esta sospecha,    camina hacia una haya,
vido estar un cavallero    que parece que le llama.
No le conoce el francés    por mucho que lo mirava,
porque le dan en los ojos    las cintas de la zelada.
Arrojóse de la yegua    y desarmóle la cara,
conoció al primo que quiso    en la vida más que al alma.
Fue a tenerle compañía    en las últimas palabras:
el herido habla al sano,    y el sano al herido abraca;
por no hablalle llorando    detiene un poco la habla.
Quanto más detiene el llanto    la congoxa le apretava;
con las ansias de la muerte    Durandarte le rogava
que le encomiende a Belerma,    aquella que el tanto amava,
y le lleve el coraçon    sacado de sus entrañas,
que era la joya que en vida    le diera la mas preciada.

Otros datos:
Nota: Véase la versión de Timoneda Rosa de amores, ficha nº 1608 y la de Tortajada, ficha nº 8896.

Bibliografía:
Documentada en 1582 en Rodríguez, Romancero historiado, Alcalá de Henares: Querino Gerardo, a costa de Hernán Ramírez, 1582 (Otro romance de Montesinos). Nota: nuevo número IGRH. Reeditada en Durán 1849-1851, X, p. 260; Rodríguez-Moñino 1967, ed. Romancero historiado de Lucas Rodríguez (1582), p. 140-141.