Muerte del príncipe don Juan+Muerte ocultada v2

IGR: 0006+0080. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 52.

Fuencaliente (ay. Fuencaliente de la Palma, ant. Fuencaliente, p.j. Los Llanos de Aridane, ant. Santa Curz de la Palma, isla de La Palma, Santa Cruz de Tenerife, España)

¿Enfermo estaba el don Juan,    enfermo estaba en la cama;
siete doctores le curan    de los mejores de España.
Mandó llamar al doctor viejo,    y al punto lo desengaña:
Tres horas de vida tiene,    con hora y media pasada;
hora y media que te queda,    cofiesa y enmienda tu alma.
No lo siento por mi muerte,    porque tan presto me llama,
siéntolo por la princesa,    que es niña y queda ocupada.
No le digan de mi muerte,    no le den a saber nada,
mientres no estaba parida,    y mientres no esté alumbrada.
Ya la reina está parida,    ya la reina está alumbrada.
La reina, como era niña,    a su suegra preguntaba:
Dígame, suegra querida,    dígame, madre del alma,
¿De qué se visten las reinas    cuando salen de alumbrada?
Unas se visten de negro,    y otras se visten de grana,
pero tú viste de negro    que lo negro bien te caiga.
La reina, como era niña,    vistióse de filisgrana.
Cuando iba templo arriba,    la gente la marmuraba:
¡El rey muertito de ayer,    y ella vestida de grana!
A la venida pa bajo,    a su suegra preguntaba:
Dígame, suegra querida,    dígame, madre del alma,
por qué marmuró la gente    cuando yo en el templo estaba?
Yo luego te diré, hija,    al punto sin faltar nada:
que mi hijo Juan es muerto,    prenda que tanto estimaba.
La reina, oyendo esto,    cayó en tierra desmayada:
¡Yo soy la tórtola triste,    la que posó en la retama
la que bibió el agua turbia,    pudiéndola beber clara!

Bibliografía:
Recitada por la anciana Divilina. Recogida por José Pérez Vidal, 1949. (Colec.: Pérez Vidal, J.). Publicada en Pérez Vidal 1949, pp. 436-437. Reeditada en FERU I-Canarias 1969, II: pp. 6-7, nº 396.