Mira, Zaide, que te aviso v3

IGR: 0063. Versión: 3. Rima: á-e. Hemistiquios 58.

Tetuán (Marruecos)

Por la calle de su dama    se pasea el moro Zaidi,
aguardando a que sean horas    que se asome para hablarle;
dio una salida al balcón    más linda que cuando sale
la luna en su oscura noche,    el sol en sus tempestades.
Llegóse el Zaidi diciendo:    Bella mora, Dios te guarde;
de las moras sos más linda    que cuantas hay en el valle.
Dímelo tú, Zaida hermosa,    dímelo tú y no me engañes:
si es verdad lo que han dicho    tus criados a mis pajes.
Dices que quieres dejarme    porque pretendes casarte
con un moro que ha venido    de las tierras de tu padre;
con un moro feo y tonto    indigno de un bien muy grande.
Dímelo tú, Zaida hermosa,    dímelo tú, y no me engañes
porque lo que más se guarda    eso es lo que más se sabe.
Mira que te encargo, Zaidi,    que no pases por mi calle,
ni hables con mis criados    ni con mis cautivos trates,
ni preguntes con quién duermo    ni quién viene a vesitarme,
ni qué fiestas me dan gustos,    ni qué comidas me placen.
La trenza de mi cabello    que te pusi en tu turbante
no quiero que te la pongas,    ni tampoco que la guardes;
quiero que lo entiendas, Zaidi,    que en tu desgracia lo traes;
no te faltará otra mora,    hermosa y de galantares
que te quiera y tú la quieras,    pero que tú no la engañes.
Cerró la dama el balcón    y al Zaidi dejó en la calle.
Yo, honrada en mi balcón;    y tú, como perro en la calle.
Ya lloraba el moro Zaide    que se quiere arreventare.
Abrió la dama el balcón    y al Zaidi fue a consolarle:
No llores tú, Zaidi hermoso;    no te quieras hacer males:
tuya soy, tuya seré,    tuya digo hoy de quedarme.
Otro día en la mañana    las ricas bodas se hacen.

Bibliografía:
Recogida por Arcadio de Larrea Palacín, entre 1950 y 1952 Publicada en Larrea Palacín 1952b, I, pp. 78-79, T22, M18. Reeditada en IGR-vulgar 1999, pp. 29-30.