IGR: 0153+0184. Versión: 1. Rima: á+é-a. Hemistiquios 94.
Blimea (ay. San Martín del Rey Aurelio, p.j. Laviana, Asturias, España)
Por los campos de Malverde se pasea Sabel Mena
con dos hijas de la mano, Blancaflor y Filomena.
Allegara el rey Tuquillo a pasearse con ellas,
y pidiera la mayor, se le dio la más pequeña.
Se casaron, se velaron y la llevó pa su tierra,
al cabo de nueve meses, dolor de parto le diera.
Se asomara a una ventana donde se solía asomar.
¡Campos verdes de mi padre, oh, quién estuviera allá!
Si yo estuviera allá no pasara tantu mal.
Bien oyera la su suegra que en la alta torre está.
Si te quieres dir, Narbola, nadie te lo ha de estorbar,
como si aquí non hubiese pan y carne que te dar.
Si tu marido viniese, yo le daré de cenar,
de la caza que trexiese, tuyo será la mitad;
del pichón será lo menos, de la palomba, lo más.
Narbola por una puerta sale, su Narbolo por otra entrar.
¿Dónde está el mi espejo, madre, donde me solía mirar?
¿Por cuál preguntes, mi hijo, po` el de vidrio o de cristal?
No pregunto po`l de vidrio, nin tampoco el de cristal,
pregunto pola mi esposa, ¿a ónde se me fue ya?
La tu esposa fue a parir al Valledal,
como si aquí non hubiera pan y carne que le dar.
La tu esposa la debías de matar,
que a mí me ha llamado bruja y a ti hijo de un brujal.
Eso no se pue` creer, madre, eso sí que no es verdad,
porque entre suegres y nueres nunca se mostró verdad.
Tan bien lo pue`s creer, hijo, como Cristo está en l`altar.
Aparéjame el caballo, madre, que me voy marchar.
Siete vueltes dio al palacio sin hallar por donde entrar,
de las siete pa` las ocho, un pajarito en hablar.
Bienvenido seas, don Bueso, muchas gracias le voy dar,
que la su esposa Narbola un infante tiene ya.
Bájate de ahí, Narbola, no te lo vuelva a mandar,
si te lo vuelvo a mandar, tus cabellos lo han pagar.
Les doncelles que la visten todas son a suspirar,
les doncelles que la calcen todas se dan a llorar.
Mujer de una hora parida, ¿cómo podrá caminar?
La bajaran de los brazos y al caballo la montar.
El caballo de Narbola parece un fino coral,
los campos que atrás quedaben parecen fino azafrán.
Anduvieron siete legües, en sin palabra se hablar,
de les siete pa` les ocho don Bueso comenzó a hablar.
¿Cómo no me hables, Narbola, como me solíes hablar?
Ya lluego vas de la ermita donde te tengo matar.
Más lluego voy de la ermita donde me tengo confesar.
En estes palabres y otres la tirara en un bardial.
Los padres, que lo supieron, la sacaron a enterrar.
Variantes: -30b u. p. ensonar; -38a la agarrara entre sus brazos.