Mala suegra v146

IGR: 0153. Versión: 146. Rima: á. Hemistiquios 113.

Carbes (parr. Mián, ay. Amieva, p.j. Cangas de Onís, Asturias, España)

Estando doña Marvola    sentadita en su portal,
con una aguja de plata,    labrando en un cabezal;
¿Para quién labras, Marvola,    para quién sueles labrar?
Labro para el mi don Hueso,    que el se me l`ha de gociar.
Sus manos blancas retuerce,    sus anillos quier` quebrar.
Campos verdes, campos verdes,    ¡quién los pudiera pasar!,
ah, ventanes de mi padre,    ¡quién las pudiera cerrar!,
anque no más que esté dentro    un pan para yo cenar.
Si te quieres dir, Marvola,    yo no te lo he de quitar;
el tu marido, si viene,    yo le daré de cenar;
yo le daré pan pa` el burro    y carne pa` el gavilán,
yo tiraré por las medias    como le solía tirar.
Pos si eso hace, la mi suegra,    voy parir al valledal.
Bien pronto vino el marido    y comenzó a preguntar:
¿Dónde está el mi espejo, madre,    donde me solía espejar?
¿Me preguntas po`l de vidrio,    preguntas po`l de cristal,
preguntas po`l de cebache,    que tiene mejor mirar?
Ni pregunto po`l de vidrio,    tampoco po`l de cristal,
tampoco po`l de cebache,    que tiene mejor mirar;
pregunto po` la mi esposa,    po` la mi esposa real.
La tu esposa, hijo mío,    fue parir al valledal;
a mí me trató de bruja    y a ti de un grande rucián.
No lo creo yo, mi madre,    no lo creyera yo tal;
trújela de pequñita,    no conocí de ella mal.
Si no lo quieres creer,    ni me lo quieres vengar,
ni beberás de mi vino,    ni comerás de mi pan;
ni gociarás de cien vacas    que en Sierra Morena están.
Monta en un caballo blanco,    corre como un gavilán,
siete vueltas dio al palacio,    sin la puerta ha de encontrar;
al cabo ` las siete vueltas,    ha encontrado un capellán.
Bienvenido sea, don Hueso,    ya tienes un mayoral.
Ni el niño mame la leche,    ni la madre coma pan.
Pobre de mí, cuitadita,    que ya merezco yo mal;
mujer parida de un hora,    ya me mandan llevantar.
Llevanta de ahí, Marvola,    no te lo vuelva a mandar,
que si a mandar te lo vuelvo,    ha de ser con un puñal.
Tres hermanas que tenía,    todas empienzan llorar;
unas empienzan a vestir    y otras `piezan a calzar,
otras a enxrroñar el niño    en paños de yopetal.
Monta en un caballo blanco    y ella en un alazar;
siete leguas anduvieron    sin palabra contestar.
Al cabo ` las siete leguas,    encomenzó a preguntar:
¿Cómo no me hablas, Marvola,    como me solíes hablar?
¿Cómo quieres que te hable    como te solía hablar,
si las anclas del caballo    bañadas en sangre van?
Bájame de aquí, don Hueso,    
que quiero hacer oración al santo de San Bastial.    
Vámonos de aquí, Marvola,    que ya está cerca el lugar.
Que esté acerque, que esté lejos,    yo aquí me voy a quedar.
¿Cómo me haré sacerdote    para este cuerpo entierrar?,
¿cómo me haceré yo lumbre    para este cuerpo alumbrar?
Respondió el niño chiquito    con las gracias que Dios da:
Yo me haré sacerdote    para este cuerpo enterrar;
yo me haceré la lumbre    para este cuerpo alumbrar.
Pobrecita de mi agüela,    que enos infiernos está;
pobrecito de mi padre,    no sé por ónde dirá;
dichosita de mi madre,    que en los cielos está ya.
Variante: -54b p. e. c. enterrar.    

Otros datos:
Nota: Original ms. de letra no identificada, 1892, remitido por Bernardo Acevedo.

Bibliografía:
Recitada por Josefa Cayarga. Recogida en 1892. (Archivo: AMP). Publicada en Romancero asturiano, tomo II (en prensa) y Petersen-Web 2006, Texto.