Mala suegra v142

IGR: 0153. Versión: 142. Rima: á. Hemistiquios 90.

Casomera (ay. Aller, p.j. Lena, ant. Laviana, Asturias, España)

Estándose doña Arbola    en su palacio real,
con la rueca a la cintura,    pocas ganas de filar.
Ha llegado la su suegra,    más valiera no llegar.
Si tuvieras los partos,    ve a parir a Valledeal,
que allí tienes padre y madre,    que de ti se dolerán,
allí tienes tus hermanas,    que ellas te descalzarán.
Y el mi marido, si viene,    ¿quién le dará de cenar?
El tu marido, si viene,    yo le daré de cenar
y de la caza que traiga    ya te daré la metá;
de la perdiz algo menos,    de la paloma algo más,
y del cuervo la cabeza,    que es lo más esquesito que hay.
`Eso de la medianoche,    vino el hombre de cazar.
Déame el espejo, madre,    que yo me quiero espejar.
¿Cuál quieres, hijo, cuál quieres,    el de vidrio o el de cristal?
Non quiero, madre, el de vidrio,    nin tampoco el de cristal,
quiero la mi esposa Arbola,    donde me solía espejar.
La tu esposa doña Arbola    fue a parir a Valledeal;
si no me vas y la matas,    no comes más del mi pan;
que a mí me ha llamado puta    y a ti hijo de un rubián.
No la mataré yo, madre,    en sin saber la verdad.
Montó en caballo ligero,    fue a parar a Valledeal;
siete vueltas dio al palacio    sin tener por dónde entrar.
Sale una muchacha de adentro,    que querían bautizar:
La tu esposa doña Arbola    un hijo varón tien` ya.
Sea hijo o sea hija,    en sin madre se ha de criar.
La madre, que lo está oyendo,    ha `ncomenzado a llamar:
Déame la camisa, madre,    que me quiero levantar.
Hija, de una hora parida,    ¿aonde quedrás caminar?
Dos hermanas a vestirla    no cesaba de llorar;
dos hermanas a calzarla    todas hacían igual.
Salió fuera de la casa,    con el marido fue a encontrar;
y siete leguas andaran    en sin palabra se hablar.
¿Cómo no me hablas, Arbola,    como me solías hablar?
¿Cómo quieres que yo te hable,    si me vienes a matar?
Llámame aquí al señor cura,    que me quiero confesar.
El cura de aquí está lejos,    aquí aborrece bajar.
Los pecados que tú tienes,    a mí me los has dejar.
Los pecados que yo tengo    buenos están de confesar:
Tres hermanas que tú tienes,    todas tres parieron ya;
la una del señor cura,    la otra del sacristán,
la más chiquitina de ellas    parió del padre guardián.
Un niño de hora y media    al instante soltó a hablar:
Dichosa de la mía madre,    que pá los cielos camina,
desgraciada de mi abuela,    que en los infiernos ardía,
desgraciado de mi padre,    que no sé pa ónde diría.

Otros datos:
Nota: Original ms. de letra de R. Menéndez Pidal.

Bibliografía:
Recitada por María Carballo. Recogida por Juan Menéndez Pidal y Ramón Menéndez Pidal, 1909. (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en Romancero asturiano, tomo II (en prensa) y Petersen-Web 2006, Texto.