IGR: 0153. Versión: 10. Rima: á-e. Hemistiquios 56.
Sigueruelo (ay. Santo Tomé del Puerto, ant. Sigueruelo, p.j. Sepúlveda, Segovia, España)
Doña Albora se pasea por una sala de alance
con dolores de parir que el corazón se la parte.
Anda, vete de ahí, Albora, a parir en ca tus padres,
que si viene don Alfonso yo le daré que cenares,
paja para los caballos y cebá pa mancebarles.
Con la noche vino Alfonso, no preguntó qué cenares,
ni paja pa los caballos, ni cebá pa mancebarles,
que preguntó por su espejo que a recibirle no sale.
Doña Albora se ha marchado a parir en ca sus padres
y a mí me ha tratao de zorra y a ti de hijo ruines padres.
Se ha cogido los caballos y las criadas por delante.
Y a la entrada `e la ciudad se ha encontrado con su padre.
¡Bienvenido seas, Alfonso, que ya tienes un infante!
¡Ni el infantillo se críe, ni la madre se levante!
Levántate de ahí, Albora, si te quieres levantar,
mira que el puñal es nuevo y en ti le voy a estrenar.
¡Cómo quieres que me vista, como quieres que me calce,
mis huesos descoyuntados, mi cuerpo vertiendo sangre!
Las damas que la vestían lloraban gotas de sangre,
las damas que la calzaban rezaban credos y salves.
La ha cogido en el caballo y la lleva por delante,
y en la punta de la capa llevan envuelto el infante.
No mires pa atrás, Albora, no creas que vienen tus padres,
ni creas que vienen los míos, ni aquel que te ha de llevar,
que las sendas que traemos de sangre quedan regás.
Dime, pastorcillo, dime, tú me dirás la verdad,
¿las campanas de Hontanares por quién tocan, por quién dan?
Por la suegra la malvada, que la llevan a enterrar.