La Virgen romera v19

IGR: 0192. Versión: 19. Rima: é-a. Hemistiquios 48.

Corao (parr. Abania, ay. Cangas de Onís, p.j. Cangas de Onís, Asturias, España)

Por aquellos campos verdes    se pasea una romera,
blanca rubia y colorada    reluce como una estrella,
vióla el rey de su palacio,    vióla y namoróse de ella.
Bienvenido sea el buen rey.    Bien hallada la romera,
¿qué haces aquí en este sitio    tan sola en aquesta tierra?
No vengo sola, señor,    que mi marido atrás queda.
Fuese el rey pa` su palacio    `nojado con la romera;
tratan de dir a comer,    bendito el bocao comiera,
tratan de dir a dormir    bendito el sueño durmiera.
A eso de la medianoche    echa los pajes afuera.
Afuera, mis pajecillos,    ir buscarme la romera,
nin por plata nin por oro    non vengáis aquí sin ella.
Dijo el más pequeño de ellos,    el que más entendido era:
Como esa, mis pajecillos,    no se ha visto en esta tierra;
calza zapatito de oro    con rica media de seda,
viste camisa de holanda    labrada con fina seda,
blanca, rubia y colorada    reluce como una estrella.
Bien la vieron relucir    debajo de una alameda.
Pajes del rey, bienvenidos.    Bien hallada, la romera,
de parte del rey venimos    decirte de esta manera:
si quieres ser su criada    o doncella de la reina.
No quiero ser su criada,    ni doncella de la reina
y si el rey me apura un poco    yo le diré quién él era;
si él es rey de sus vasallos    yo lo soy de cielo y tierra.
¡Nuestra Señora me valga,    válgame la Magdalena!.

Bibliografía:
Recitada por Antonia Millán (o Miyar) (24a). Recogida por José Amador de los Ríos, entre 1860 y 1865 (Archivo: AMP; Colec.: Amador de los Ríos, J.; cinta: Ms. Rodrigo A., n. 8, pp. 39-41). Publicada en SilAstur I 1999, (J. Antonio Cid, ed.), pp. 123-124.