IGR: 0233. Versión: 28. Rima: é-a. Hemistiquios 60.
Salceda (ay. Polacíones, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Potes, Santander, España)
Allá arriba en aquel alto hay una serrana fiera,
matadora de los hombres, ladrona de las haciendas.
Cuando tiene ganas de hombres se asoma a lo alto de la sierra.
Vio venir un caballero: Caballero, venga, venga,
no le faltará cama ni tampoco cabecera;
tengo piedra y pedregal pa que la hierba prendiera;
de conejos y perdices la pretina traigo llena.
Los conejos para él las perdices para ella.
Acabaron de cenar atrevíme y pregúntela;
¿De quién son los tantos huesos y las tantas calaveras?
Son de hombres y mujeres que he matado yo en mi cueva;
también le mataría a usted, cuando mi voluntad sea.
Venga vino sobre vino, venga vino borrachera;
con el calor de la lumbre la serrana se durmiera.
Esto que vio el caballero, paso a paso salió afuera,
se despertó la serrana y exclama de esta manera:
Ay triste de mí, cautiva siete años llevo en la cueva
y ahora por un mal descuido voy a ser descubierta.
Cogió una piedra del suelo, le derribó la montera.
Oiga, oiga, caballero que aquí deja la montera.
Aunque fuera de oro y plata y aunque fuera una moneda,
dinero tienen mis padres para comprarme otra nueva.
Caballero, no lo digas, no lo digas en mi tierra.
No señora, no lo digo hasta la ciudad primera.
Allá arriba en aquel alto hay una serrana fiera
matadora de los hombres, ladrona de las haciendas.
Setecientos de a caballo no se atrevieron con ella,
si no es un paje valiente por arrodeos que lleva;
la tiró un carabinazo, la serrana cayó en tierra,
la tiró un carabinazo, la serrana muerta queda.