IGR: 0233. Versión: 175. Rima: é-a. Hemistiquios 54.
Puntagorda (p.j. Los Llanos de Aridane, isla de La Palma, Santa Cruz de Tenerife, España)
Cuando yo era pastorcillo que cuidaba mis ovejas,
echaba mi lanza a lomo, mi zurrón a tiracuellos.
Me encontraba una serrana del color de una morena.
Ella me ofreció de lucha, de lucha agarré con ella;
en el medio de la lucha la serrana me dijera:
Ni tú me tumbas a mí, ni yo tumbarte pudiera.
Quiso Dios y mi fortuna por debajo me cogiera.
Me coge por un bracito, me lleva para una cueva;
de que la fui reparando, de cruces estaba llena;
Atrevíme y preguntéle que cruces eran aquellas.
Son de hombres que he matado los he enterrado en mi cueva,
y a ti te hago lo mismo cuando mi voluntad sea.
El fuego, pastorcillo, enciende . . . . . . . . . . . .
que yo me voy a cazar para el monte de Gelea.
De conejos y cornices trai la centura llena.
Mientras yo pelaba uno, pelaba ella media docena,
ella se comía la pulpa, a mí los güesos me diera.
Ella trajo una vigüela para yo tocar con ella.
Entre este toquito y otro la serrana se durmiera.
Desde que la pillé dormida de saltos cogí la cueva;
con un zapato en la mano y otro en la faldiquera.
Me puse arriba de un pino por saber la vuelta de ella.
Se tira de un barranco abajo rabiando como una perra;
aquí cae, aquí levanta como niño que gatea.
Vuélvete pa atrás, pastor, que se te quedó una prenda.
La prenda que se quedó, Dios te haga bien con ella,
que te carguen los demonios, que tú no eres cosa buena.