IGR: 0233. Versión: 174. Rima: é-a. Hemistiquios 53.
Agüimes (ay. Las Palmas de Gran Canaria, ant. Telde, p.j. Las Palmas, ant. Las Palmas de Gran Canaria, isla de Gran Canaria, Las Palmas, auton. Gran Canaria, España).
En esta ciudad del rey se pasea una serrana,
blanca, rubia y encarnada, bonita como una perla;
lleva su pelo enrollado debajo de una montera,
que no se diferenciaba si era varón, si era hembra.
Pasó un pastor por allí, a lucharlo desafía.
Ella le da siete caídas y él ni una siquiera;
lo coge por un bracito y se lo lleva a la cueva.
Allá al medio del camino veí tantas cruces puestas.
Me atreví y le pregunté: Oye, ¿qué cruces son estas?
Los hombres que yo he matado y los he enterrado en mi cueva;
yo a ti te haré lo mismo cuando mi voluntad sea.
Saca fuego, pastorcillo, enciéndeme una candela.
La candela no está hecha, la serrana que regresa;
de conejos y perdices se trae la cintura llena;
la perdiz a la pedrada, el conejo a la cerrera.
Ella se puso a cenar;
Se come su buena carne, a mí los huesos me entrega;
ella se toma un buen vino, a mí el vinagre me entrega;
yo como nada veía se lo echaba a mi perra.
Terminaba de cenar, guitarra de oro me entrega;
yo como no sé tocar me puse a templar las cuerdas.
Con el son de la guitarra la serrana se durmiera.
Yo cuando la vi dormida de un salto salté la cueva;
fue tan grande el trompezón que la serrana despierta.
Vuelve, vuelve, pastorcillo, que una prenda se te queda.
Sea de oro, sea de plata, Dios te haga bien con ella,
que el camino de diez días lo he pasado en hora y media.