IGR: 0233. Versión: 153. Rima: é-a. Hemistiquios 60.
La Caleta de Interián (ay. Los Silos, p.j. Icod, ant. La Orotava, isla de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España)
Estando guardando cabras un día en Taravela,
veí bajar una serrana brincando piedra por piedra.
Se puso a luchar conmigo, me puse a luchar con ella;
me echaba la zancadilla, le echaba la zancachuela.
Me cogió por un bracito, me lleva para su cueva.
A la entrada de la cueva veí muchas cruces bellas;
me atreví y le pregunté qué cruces eran aquellas.
Calla, calla, pastorcito, más vale no saber de ellas,
que son hombres que ha matado, los ha enterrado en mi cueva,
y a ti te haré lo mismo cuando mi voluntad sea.
Aprende, aprende, el pastor, mientras voy a la ribera.
El fuego sin prender, ya la serrana viniera;
de conejos y perdices la centura traiba llena,
la perdiz la cogió al vuelo y el conejo a la carrera.
Ella se come la carne y a mí los huesos me entrega;
ella se toma el pan blanco y a mí el casero me entrega
ella se bebe el buen vino y a mí el vinagre me entrega.
Cuando en medio de comer guitarra de oro me entrega.
Toca, toca, pastorcito, y a la moda de tu tierra.
Y yo, como lo sabía, me puse a templar en ella;
la prima con la segunda y el bordón con todas ellas.
Desde que estaba dormida del brinco salté la cueva.
Al bajar por un barranco, y al subir una ladera,
los gritos de la serrana querían tumbar la cueva:
¡Espere, espere, el pastor, y dele a mi padre las nuevas:
que yo estoy en este mundo haciendo a Dios mil ofensas,
comiendo la carne en viernes y también en la Cuaresma!
¡Espere, espere, el pastor, que una prenda se le queda!
Esa prenda, mi señora, Dios le haga bien con ella;
si en buenas manos estaba en otras mejores queda.