La galera de Cristo+Desde el Huerto hacia el Calvario v2

IGR: 0435.2+0697. Versión: 2. Rima: á. Hemistiquios 20.

los Andes (Aconcagua, Chile)

¡Quién tuviera tal ventura    sobre las aguas del mar,
como tuvo Magdalena    cuando a Cristo fue a buscar!
Lo buscó de villa en villa    y de villar en villar.
A Valeriano le dice:    A vos te podré rogar.
Una verdad te pregunto,    que no sea falsedad:
¿si a Jesús de Nazaret    por aquí has visto pasar?
Por aquí pasó, señora,    (los gallos querían cantar)
con una cruz en los hombros    que lo hacía arrodillar,
y una soga a la garganta    que lo hacía tropezar;
corona de espinas lleva,    todo ensangrentado va.
Comentario de V. C. :    
Comentario de V. C. : El señor Menéndez Pidal, que publicó este romance en Cultura Española, dice de él:-«Es uno de esos romances religiosos tan del gusto del siglo XVI y XVII, que tomaban el comienzo de un romance profano famoso, viniese o no viniese a cuento. Este de la Magdalena toma sus dos primeros versos del conde Arnaldos: ¡Quién hubiese tal ventura / sobre las aguas del mar,//como la hubo el conde Arnaldos / la mañana de San Juan!// Por no haber publicada ninguna versión peninsular de este «Conde Arnaldos a lo adivino», daré aquí una que tengo de Sepúlveda (provincia de Segovia), que difiere bastante de la chilena, pero que aclara alguno de sus versos: . . . (Cultura Española, pp. 89-90) [véase la entrada nº 3438]. Andrés Ortiz imitó el principio del Conde Arnaldos en su romance de Floriseo y lu reina de Bohemia: ¡Quién hubiese tal ventura / en haberse de casar,// como la hubo Floriseo / cuando se fue a desposar!// (Durán, Romancero, t. I, p. 153.) Comienzo muy parecido tiene también el romance portugués de Doña Branca: Deos me dera ter a graça / além das ondas do mar,//que teve Flores e Ventos / numa noite de Natal. // (Hardung, Romanceiro, t. I, p. 246.) En la versión chilena de La Magdalena, así como en la española de Sepúlveda, la imitación del Conde Arnaldos no va más allá tampoco de los cuatro primeros versos. Lo que viene en seguida, está hecho en buena parte con versos de un romance devoto muy popular, que a veces anda solo, con distinto principio, haciendo el papel de oración o cosa parecida, y otras ingerido en algún romance de tema religioso también. La versión asturiana de La Magdalena recoigida por don Juan Menéndez Pidal, se diferencia bastante de la chilena y de la española de Sepúlveda, hasta en el asonante, pero coincide con ellas en los siguientes versos, que son a los que me he referido: –¿Qué haces ahí, María, / corazón desconsolado?//–Estoy peinando mi pelo / y a mi hijo estoy aguardando. //–Por aquí pasó tu hijo / antes de cantar el gallo://lleva una cruz en el hombro / y una cadena arrastrando,//una soga a la garganta, / su rostro en sangre bañado. // (Colección de viejos romances, p. 266. [De hecho se trata de dos romances: La Virgen anuncia al niño su pasión y su gloria 0237+El rastro divino 1537. 1]) –¿Qué haces ahí, María, / corazón desconsolado?//–Estoy peinando mi pelo / y a mi hijo estoy aguardando. //–Por aquí pasó tu hijo / antes de cantar el gallo://lleva una cruz en el hombro / y una cadena arrastrando,//una soga a la garganta, / su rostro en sangre bañado. //(Colección de viejos romances, p. 266.) En Chile son muy populares: El Señor anda perdido, / la Virgen lo anda buscando. //–¿No me han visto por aquí / una estrella relumbrando?//–Yo lo vi pasar, Señora, / (los gallos `taban cantando)//con una cruz en los hombres / y un madero muy pesado,//y del peso de la cruz / Jesucristo arrodillado. // (Laval, Oraciones, etc., p. 18.) Estos versos, divididos arbitrariamente en dos coplas después del cuarto verso, se cantaban como estrofas del himno matutino conocido en Chile con el nombre de LasAlabanzas, (vide el comentario al rom. La fe del ciego, n. 1). Mezclados con versos de otras oraciones andan en esta forma: Por el rastro de la sangre / caminan la Virgen Santa,//San Juan y la Magdalena; / juntos los tres caminaban. //–¿No me han visto por aquí / pasar al hijo de mi alma?//–Sí, Señora, sí lo vi, / antes que et gaio cantara;//con una cruz en los hombros / de madera muy pesada,//que apenas andar podía / del gran peso que llevaba. // (Laval, Oraciones, etc., pp. 75-76. [= El rastro divino 1537. 1]) Los ángeles, mis hermanos, / me agarraron de la mano,//me llevaron a Belén / y de Belén al Calvario. //Me encontré allí con María / que iba besando el sudario. //Le dije:-Mujer cristiana, / ¿topaste a Jesús amado?–//Ella contestó llorando: / –Sí, que yo lo he encontrado//con una cruz en sus hombros; / ¡ya lo habrán crucificado!//Ya le ponen la corona, / ya le ponen los tres clavos,//ya en su boca ponen hiel / y la lanza en su costado. // (Laval, Oraciones, etc., pp. 119-120.) Las campanas de Belén / tocan al Señor el alba. //–¿Quién ha visto por aquí / pasar al hijo de mi alma?//–Por aquí pasó, Señora, / antes que el gallo cantara,//con una cruz en sus hombros / de madera muy pesada;//la madera, que era verde, / cada paso arrodillaba. // (Laval, Oraciones, etc, pp. 120-121.) Este episodio de la Pasión se refiere en forma parecida enlos cantos populares italianos: –Dua gite, matre María ,/sola, sola per questa via? / –Vo carendo `l mi` fiolo, / ch` ha tre giorni che `n l`artrovo. / –L` artrovai fra do` monti / co` le man piagate e gionte: / croce a spalla lu` l`aveva, / ma portalla `n la poteva; / sangue rosso lo buttava, / col mantello lo sciuttava. // (Mazzatinti, Canti pop. umbri, p. 315.    

Bibliografía:
Recitada por Emilia Zúñiga (35a). antes de 1906. (Colec.: Vicuña Cifuentes, J.). Publicada en Menéndez Pidal 1906b, Cultura Española, I, [88?]. Reeditada en Vicuña Cifuentes 1912, nº 85, pp. 182-188 y Díaz Roig 1990a, p. 86-87 (15.4).