IGR: 0110. Versión: 87. Rima: á. Hemistiquios 64.
Caldas de Besaya (ay. Los Corrales de Buelna, p.j. Torrelavega, Santander, España)
Allá arriba en Somarriba, en aquella gran ciudad,
nombraron al conde Marcos de capitán general.
La condesa, que lo supo, no ha cesado de llorar.
¿Por qué lloras tú, condesa?, ¿por qué tu triste mirar?
Porque me han dicho que marchas de capitán general.
Si te lo han dicho condesa, bien te han dicho la verdad;
si a los siete años no vuelvo, a los ocho casarás,
y si eres mujer de bien a los nueve esperarás.
Dieron los nueve cumplidos, ya la tratan de casar:
¡No lo quiera Dios del cielo ni la Virgen del Pilar!
Hágame, padre, un vestido que le quiero ir a buscar;
yo no lo quiero de seda, ni de oro que vale más,
que le quiero de estámeña, de eso que llaman sayal.
Andando por los caminos con un pastor vino a dar:
Dime, pastorcito, dime, no me niegues la verdad:
¿de quién son esos caballos marcados con mi señal?
Del conde Marcos, señora, mañana se va a casar;
ya están los corderos muertos y el pan mandado amasar.
Dime, pastorcito, dime ya me enseñaras allá.
Eso no lo haré, señora, eso no lo haré jamás,
que los campos están verdes, los caballos se me irán.
Deja marchar los caballos que yo te los he de pagar,
que traigo yo en mi bolsillo para cuatrocientos más.
Andando muy poco tiempo con el conde vino a dar:
Dame una limosna, si tú me la quieres dar,
que algún día en tu palacio bien la solías tu dar.
Dime, peregrina, dime, lo que pasa por allá.
Del conde Marcos, señor, poco bien y mucho mal,
que ha dejado a su mujer de quince años poco más.
Al decir estas palabras, tendida cayó pa atrás.
Cogedme esta peregrina, ponedla en mejor lugar,
y si la otra pregunta: que me ha venido a buscar.