IGR: 0110. Versión: 363. Rima: á. Hemistiquios 62.
Navalperal (Ávila, España)
Cuando empezaron la guerra entre Francia y Portugal,
llamaron al conde Flores por capitán general.
¿Para cuántos años, conde, para cuántos años vas?
Para siete, mi princesa, para siete nada más;
si a los siete no he venido, princesa, te pués casar.
Pasan siete, pasan ocho pa nueve corriendo van,
y un día estando cenando la pregunta su papá:
¿Por qué no te casas, hija, por qué no te casas ya?
Padre, no quiero casarme, que el conde viviendo está.
Écheme la bendición y al conde lo iré a buscar.
Mi bendición ya la tienes, la de Dios la principal.
Se vistió de peregrina y ha empezado a caminar
y a la mitad del camino con quién se vino a encontrar,
con unos caballos blancos que los llevan a domar:
¿De quién son eso caballos que los llevan a domar?
Son del conde Peñalflores, mañana se va a casar.
Le doy este doblón de oro si me lleva dónde está.
No señora, yo no puedo, que se me escaparán.
Vaya usted la senda abajo derecho a la plaza el Can
y en uno de los balcones ya lo verá pasear.
Cuatro vueltas dio al palacio, no encontró con quién hablar
y a la última que dio, al conde lo fue a encontrar:
Conde, dé usted una limosna, que usted sí la puede dar,
que vengo de las Italias y no tengo qué cenar.
Si vienes de las Italias, la romera ¿cómo está?
La romera está muy triste y no cesa de llorar.
En caso que usted la viera, ¿en qué la conocerá?
En su rostro puro y bello, en su precioso lunar.
El rostro ya se le ha ido, el lunar aquí está.
Suba, suba, la romera, la darán de merendar,
y la que iba a ser la novia de madrina servirá.