La Condesita v350

IGR: 0110. Versión: 350. Rima: á. Hemistiquios 56.

Capdepera (ay. Capdepera, p.j. Manacor, Baleares, auton

Cuando empezó la guerra    entre España y Portugal
llamaron al conde Flores    por capitán general.
Si a los siete no he venido,    marido puedes buscar.
Pasan siete, pasan ocho,    cerca de los nueve ya.
Un día estando en la mesa    su padre la quiso hablar:
¿Por qué no te casas, hija,    por que no te casas ya?
No me quiero casar, padre,    que el conde en el mundo está.
Déme usted la bendición    y me lo iré a buscar.
Que te la dé Dios del cielo,    que es más alto y puede más.
Se vistió de pelegrina,    por los caminos se va.
Al salir de las Italias,    al entrar en Portugal,
se encontró con un caballo    que lo iban a ensillar:
¿De quién es ese caballo    que lo iban a ensillar?
Es del conde Monteflores,    que mañana va a casar.
Ese conde que usted [dice],    ¿me lo quiere usted enseñar?
Se lo enseñaré, señora,    que es poca la caridad.
Dame una limosna, conde,    que bien me la puedes dar,
que vengo de las Italias    no traigo para gastar.
Si de las Italias vienes,    ¿qué hay de bueno por allá?
La pobre de la condesa,    que llorando siempre está.
¡Si yo la pudiera ver,    si yo la pudiera abrazar,
con aquel hermoso rostro    y aquel precioso lunar,
y un vestido que llevaba    que me costaba una ciudad.
El vestido ya se ha roto,    pero el lunar aquí está.
María, enciérrate monja    y aprenderás a rezar,
que ha venido mi condesa,    con ella me he de casar.
El pan que haya amasado,    a los pobres se dará;
los pavos y las gallinas    al hospital militar.

Otros datos:
Nota: -15 se lee dime.

Bibliografía:
Recitada por Catalina Pons. Recogida por Álvaro Galmés, 1947. (Archivo: AMP; Colec.: María Goyri-Ramón Menéndez Pidal). Publicada en RTLH 4 (1970), pp. 253-254, nº V.300.