IGR: 0110. Versión: 225. Rima: á. Hemistiquios 82.
Navalonguilla (ay. Navalonguilla, p.j. El Barco de Ávila, Ávila, España)
Ciento cincuenta soldados para la guerra se van
y el conde Abado con ellos caminando se va ya;
su esposa triste y llorosa solita se va a quedar
Dime, conde Abado mío, ¿por cuántos años te vas?
Si a los siete no he venido, condesa, te casarás.
Ya los siete se pasaron, los ocho pasando van
y su padre la decía: Hija, ¿no te casas ya?
¡Cómo quiere usted que me case si el conde vivo será!
Écheme usted la bendición, que yo le diré a buscar.
Con una cintita al pelo que de romerita va,
con un palito en la mano ha empezado a caminar.
Siete meses por la tierra y otros tantos por la mar,
y al entrar en Barcelona, caballos vio pasear:
Yo los conozco en el hierro y en el modito de andar.
Ya me dirás, pajecito, ya me dirás la verdad:
¿de quién son esos caballos que sacas a pasear?
Del conde Abado, señora, mañana se va a casar.
Ya me dirás, pajecito, y ese conde ¿dónde está?
En medio de Barcelona y en el palacio real.
Siete vueltas dio al palacio, no supo por dónde entrar,
y al cabito de las ocho con el conde vino a dar:
Limosna me dará, el conde, limosna me puedes dar,
que al entrar en Barcelona se me ha acabado el caudal.
Echó mano a su bolsillo y un ochavito la da.
¡Poca limosna da el conde pa la que solía dar!
por tus altos o tus rincones ¿no hay un pedazo de pan?,
Suba arriba, la romera, suba arriba y comerá.
Y a la que hubo subido, la empezaba a enamorar,
y a la que hubo sentado la ha empezado a preguntar:
¿De dónde es la romerita, de qué patria o qué ciudad?
Y la romera responde: De entre Francia y Portugal.
Ya nos dirá la romera lo que cuentan por allá.
Por allá no cuentan nada, por allá qué se ha de contar,
que el conde Abado se ha ido, su esposa le está a buscar.
Al oír estas palabras se ha empezado a desmayar;
acuden condes y reyes a ayudarle a levantar.
Esténse los reyes quietos, que yo sola he de bastar,
yo que le ayudé a caer, le ayudaré a levantar,
que mi maridito es conde y le tengo que llevar.
Cuando iban por los altos parecía un alcotán,
cuando iba por los bajos una aguilita real.