IGR: 0110. Versión: 224. Rima: á. Hemistiquios 85.
Aliseda de Tormes (ay. Santiago de Tormes, ant. Aliseda de Tormes, p.j. Barco de Ávila, Ávila, España)
Hoy se marcha el conde Bado, hoy se marcha hoy se va;
los ojos de la condesa no cesaban de llorar.
Dime ¿por cuántos días, por cuántos meses te vas?
No me preguntes por días, por años preguntarás;
si a los siete no he venido, a los ocho pués casar.
Los siete van muy corridos, los ocho corriendo van;
un día yendo a misa con su padre fue a encontrar
Hija, ¿por que no te casas? Padre, ¡Cómo he de casar!,
si el conde Bado se ha ido y no ha vuelto nunca más.
Me eche usted la bendición, padre, que me le voy a encontrar.
Mejor es la de Dios, hija, que es más buena y dura más.
Me eche usted la suya, padre, la de Dios me alcanzará.
La de Dios y la de usted, ambas las quiero llevar.
Se vistió de rica seda y encima un tosco sayal;
con la cayada en la mano ha empezado a caminar.
Siete meses por la tierra, otros tantos por el mar,
de día por los caminos, de noche por un jaral.
Al llegar a Barcelona caballos vio pasear:
¿Cúyos son esos caballos de hierro y vuelta señal?
Del conde Bado, señora, mañana se va a casar.
Dímelo tú, pajecito ¿dónde vive o dónde está?
En el palacio, señora, dentro ya de la ciudad.
Siete vueltas dio al palacio donde el conde solía estar,
y al cabo de las ocho con el conde vino a dar:
Limosna me des, buen conde, limosna me puedes dar;
al entrar en Barcelona se me ha acabado el caudal.
Echó mano a la bolsa y un ochavo la fue a dar.
¡Ésta no es la limosna que el conde solía dar!
Echó mano a la bolsa y otro cuarto la fue a dar.
No es ésta la limosna que el conde solía dar.
Suba arriba, la romera, suba arriba y comerá,
que sólo el verla la cara, me he empezado a enamorar.
Siéntase la romera, la ha empezado a preguntar:
¿De qué tierra es la romera, de qué tierra o qué lugar?
Soy de Francia, buen conde, de Francia o de más allá.
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .] qué se suena por allá?
Que el conde Bado se ha ido y no ha vuelto nunca más.
Con ansia en el corazón su esposa le ha ido a encontrar.
Esto que ha oído el conde, se ha desmayao para atrás.
Metan presa a la romera, que al conde matado ha.
A mí no me han de apresar, ni tampoco hacerme mal,
que apenas le dé la mano él se ha de levantar,
que este hombre es mi marido y éste conmigo se va.