IGR: 0110. Versión: 100. Rima: á. Hemistiquios 114.
Buyezo (ay. Cabezón de Liébana, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Potes, Santander, España)
Triste estaba la condesa, triste y llena de pesar,
porque la llevan al conde de capitán general.
Dime tú, conde de Flores, ¿cuánto tiempo has de tardar?
Siete años, la mi condesa, siete años a más tardar,
si a los ocho no he venido te tratarás de casar.
Abajó su padre a misa, su hija fue a visitar.
¿Cómo no te casas hija o te tratas de casar?
¡Cómo me he de casar, padre, yo cómo me he de casar!,
si tengo por entendido que el conde vivo lo está.
Écheme su bendición para yo dirle a buscar.
La bendición de Dios, hija, la de Dios que vale más.
Écheme la suya, padre, que de algo me prestará.
También te caiga la mía, con la Santa Trinidad.
Siete reinos tiene andados, nunca le fue de encontrar,
mas al cabo de los ocho vio un castillo relumbrar:
Si era castillo de moros, ellos me cautivarán;
si es castillo de cristianos, ellos me consolarán.
Siete vueltas dio al castillo, nunca halló por dónde entrar,
mas al cabo de las ocho vio un pajecito asomar:
Pajecito, pajecito, yo te quiero preguntar,
¿Cuyos son esos caballos que al agua vas a llevar?
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Pues si son del conde Flores, Dios se los deje gozar.
Pajecito, pajecito, mas te quiero preguntar,
que si el conde está casado o se tratar de casar.
Hoy se matan los carneros, mañana se cuece el pan,
y otro día a la mañana se tratará de casar.
Por Dios te lo pido, paje, por Dios y de caridad,
por Dios te lo pido, paje me lleves donde él está.
¿Cómo lo haré, la señora, los caballos se me irán.
Si se te van los caballos, de mi cuenta quedarán.
Váyase usted, mi señora, por esa calle del pan,
que en unos balcones altos le verá usted pasear.
En el medio de la calle con el conde fue a encontrar:
Buenos días tenga el conde, una limosna dará,
que soy romera de Asturias y no traigo qué gastar.
Antes de dar la limosna, bueno era el preguntar,
si usté es romera de Asturias, ¿de qué plaza o qué ciudad?
En la ciudad de León, ¿qué se cuenta por allá?
Pues lo que más se ha contado, lo que más hay que contar,
que el conde Flores marchó y no se ha visto tornar.
Ella traía un anillo, no es de plata ni cristal,
que se le dio el conde Flores la noche de Navidad.
El conde de que esto oyó, desmayado en tierra está.
¡Prendan, prendan la romera, porque el conde muerto está.
Yo, ¿por qué me han de prender, si yo no le he hecho mal?,
que si yo he matado al conde, yo le volveré a sanar.
Alevántate Alejandro, si te quieres levantar,
que la tu esposa Isabel muy cerquita de ti está.
Levantóse para arriba, besos y abrazos le da;
la ha agarrado por la mano, la ha llevado a pasear.
Va por la calle la otra, la otra a la puerta está:
¿Quién será aquella señora que con Alejandro va?
Es la su esposa Isabel, que le ha venido a buscar.
¡Quién se fía de los hombres, quién de los hombres fiar!,
que al cabo de siete meses cuernos no me faltarán.
Perdone usted, la señora, y bien puede perdonar,
que los amores primeros son muy malos de olvidar.