IGR: 0760. Versión: 2. Rima: anisosíl., polias.. Hemistiquios 96.
Tetuán (Marruecos)
Alego usted aquí, doña Loreta. Parecéis mujer discreta
de mi pena y mi pasión, de librar mi corazón encadenado;
dime si os acordáis de un hombre tan delicado
que ha pasado por aquí este verano.
Desde la hora en que le vi más no pude sosegar.
Si os place, doña Loreta, le iré a buscar.
Si tal remedio me hiciereis seréis mi remediadora,
entre todas mis esclavas seréis señora.
Allá le fuera a buscar y le pasara el recado.
Mantenga Dios vuestro estado, mi doncel,
que os llama una mujer deprisa y sin más tardar,
que con vos quiere hablar toda esta noche.
Respondióla sin desbroche: De buen grado lo haré,
mas decidme adonde iré, o quién es ella.
De mí toméis estas señas, por otras no preguntéis:
a las huertas del marqués habéis de entrar;
despacio como pisáis, no sienta el hortelano;
al vergel de los manzanos habéis de entrar.
Allí la habéis de contrar; moza galana, tan bella,
nunca podrís encontrar cara tan, bella.
Mi señor, quedad con Dios. Señora, vaya en buena hora,
besaréis por mí las manos a esa doncella.
Tomad este par de cadenas; son para vos.
Mis caminos no son vanos, la paga traigo en la mano;
nunca Dios le traiga este verano.
Albricias, señora, albricias, que de cierto las merezco,
sentémonos aquí al fresco, os lo dirí.
Dimélo, dimélo ya, dimélo que ya me fino;
darte he yo mi rico anillo y mi collar.
Esta noche a más tardar lo tendréis en el vergel.
No queráis de mí burlar, que no lo creo.
Así Dios cumpla mis deseos como esto es fuera de broma;
mira este par de cadenas que me dio.
¿Qué os diré, mi señora de ese hombre tan delicado,
tan cortés y bien hablado como es él?
Cuidado como le viéreis: no habléis con él a gritos,
porque tiene el corazón de un pajarito.
Las hojas del laurel ya las oigo menear
y a mi amor pasear por el vergel.
Levanta, esclava–, la dice, pon la escalera a tu amo.
Se la pusiera mal puesta, cayó y murió.
Si me tratara de ama como me lo había dicho,
cuando me trató de esclava se lo mató.
No se la cumplió el deseo, ni tampoco la esperanza
de hablar con su amor ni una palabra.
Habiendo muerto mi amor no le importa que yo muera.
Con la faja que él tenía se ahogó.
Otro día en la mañana el entierro de los dos.