IGR: 0096. Versión: 26. Rima: é-a. Hemistiquios 66.
Pido (ay. Camaleño, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Potes, Santander, España)
Más allá de Madrid, cien leguas de Cartagena,
residía un caballero y una graciosa morena.
Ese tal tenía un hijo que de todo daba cuenta.
Hijo mío, quién entra en casa, hijo mío, quien la pasea?
Cuantos quieren, señor padre, cuantos quieren la pasean,
entran en su habitación como si usted mismo fueran.
No lo creas, mercadel, lo que el niño te dijera.
Mercadel no lo creyó y se volvió pa la feria.
Entonces la perra ingrata de matar al niño ordena;
ya le pone sobre un banco y le cortó la cabeza.
Dice: –Parla tú, hijo mío, ahora te doy licencia,
que la lengua de tu padre, mi Dios quién la cogiera.
Con la lanza la pasara, con tos los dientes la mordiera.
Estando en estas disputas pica el marido a la puerta.
¿Dónde está mi hijo, mujer, que a recibirme no llega?
Fuimos a una romería a la Virgen la Barquera;
como tanta gente había el niño se me escondiera,
y me han escrito una carta que está en casa de su abuela,
bien vestido y bien calzado y le mandan a la escuela;
para mayor alegría le compran cartilla nueva.
¿Qué tenemos que cenar? Esta noche una cabeza,
que a la plaza fui por ella tan solo sin tu licencia.
Se ponen a partir pan y a tenderlo por la mesa;
ya tenían el cuchillo alzado para partir la cabeza;
oyó una voz por el aire como si su hijo fuera:
Deténgase, padre amado, no parta de esa cabeza,
que salió de sus entrañas, Dios quiera que allá no vuelva.
Entonces la perra ingrata para el cuarto se metiera;
como es la llave de torno al breve le dio la vuelta.
Allí llamó a los demonios que bajaran a por ella;
unos dicen, «Vaya en cuartos», y otros dicen «Vaya entera»,
y otros dicen «Vaya, vaya» que el más chiquito la lleva,
y la llevan a quemar al monte de mucha leña.