IGR: 0469. Versión: 3. Rima: á-a. Hemistiquios 52.
Brugos de Fenar (ay. La Robla, p.j. León, ant. La Vecilla, comc. La Robla, León, España)
En Roma había un peral que lindas peras criaba,
la dama que las cumiese con ellas embaranzaba;
las comió la hija del rey, la que le llaman Silvana.
Yendo un día para misa, su padre la reparara.
¿Qué tienes, la Silvanita, que la saya pinga y larga?,
alante te cae corta y atrás te cae larga.
La culpa la tuvo el sastre que la dejó mal cortada.
Ya se fuera pa el jardín donde estaba el jardinero.
Por Dios te pido, el jardinero, que me busques buena ama.
Por un mes u tres semanas ya te la tengo buscada.
Entre dos paredes blancas un niño parió Silvana;
las mantillas son del oro, los pañales son de holanda.
Ya se fuera pa su casa, su madre la reparara:
¿Qué tienes, la Silvanita? tienes la color mudada.
Calenturas, madre mía, que se me arrancaba el alma.
En estando en estas razones, el pelegrino llegara:
si le daba una limosna, que el mi Dios se lo pagara.
Perdone, el pelegrino, que ahora estoy acupada.
¿Qué tiene, la señora, que se halla tan acupada?
Que, de dos hijas que tengo, la mayor la tengo mala.
¿Qué mal tiene, la señora?, que yo se lo remediara
Calenturas, pelegrino, que se le arrancaba el alma.
Mátele usted buen carnero, no le dé pisca salada;
déle buen vino de Toro, no le dé gota de agua.
Por un mes u tres semanas no vaiga a misa Silvana,
que están las piedras muy frías, se le ha de poner más mala.