IGR: 0138. Versión: 2. Rima: á-a. Hemistiquios 74.
España
Parida estaba la infanta, la infanta parida estaba;
para cumplir con el rey decía que estaba mala.
Envió a llamar al conde que viniese a la su sala;
el conde siendo llamado no tardó la su llegada.
¿Qué me queredes, mi vida? qué me queredes, mi alma?
Que toméis esta criatura, e la deis a criar a un ama.
Ya la tomaba el buen conde en los cantos de su capa;
mas, de la sala saliendo, con el buen rey encontrara.
¿Qué lleváis, el buen conde, en cantos de vuestra capa?
Unas almendras, señor, que son para una preñada.
Dédesme de ellas, el conde, para mi hija la infanta.
Perdonedes vos, el rey, porque las traigo contadas.
Ellos en aquesto estando, la criatura lloraba.
Traidor me sois vos, el conde, traidor me sois en mi casa.
Yo no soy traidor, el rey, ni en mi linaje se halla:
hermanos y primos tengo los mejores de Granada.
Revolvió el manto al brazo y arrancó de la su espada;
el conde, por la criatura, retiróse por la sala.
El rey decía: –Prendeldo; mas nadie prenderlo osaba.
La infanta, que luego oyera rencilla tan grande e brava,
a una de las damas suyas lo que era preguntaba.
Es que el rey, señora, al conde de traidor lo disfamaba
porque en la su falda un niño del palacio lo sacaba,
creyendo que a vos, señora, el conde vos deshonrara.
Sale la infanta de prisa adonde su padre estaba
y la espada de la mano de presto se la quitara
diciendo: –Oidme, señor, una cosa que os contara.
El rey, que la quería bien, que dijese le mandaba.
Mía es la criatura que el conde, señor, llevaba,
y el conde es mi marido, yo por tal lo publicaba.
El rey, que aquello oyera, triste y espantado estaba:
por un cabo quería vengarse, e por otro non osaba.
Al fin al mejor consejo como cuerdo se allegaba:
con voz alta e amorosa dijo que les perdonaba.
Mándales tomar las manos a un cardenal que allí estaba,
e hacer bodas sumptuosas de que todo el mundo holgaba,
y así el pesar pasado en gran gozo se tornaba.