IGR: 0529. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 75.
Cistierna (ay. Cistierna, p.j. Cistierna, ant. Riaño, comc. Cistierna, León, España)
En la ciudad de Madrid, junto a los caños del agua,
habitaba una viudita, viudita y muy bien honrada;
esta tal tenía un hijo que don Pedro se llamaba.
Estando un día comiendo, se enamoró de la criada:
Yo te he de gozar tu vida, yo te he de gozar tu alma.
La criada, de que lo oyó, se lo fue a decir al ama:
Ajústeme usted la cuenta que me voy para mi casa,
que aunque soy pobre, soy noble, que la pobreza no agravia.
¿Dime quién te agravia, niña, dime, niña, quién te agravia?,
si te agravian mis criados, yo pondré enmienda en mi casa.
No me agravian sus criados, no les ponga mala cara;
me agravia un hijo que tiene, que don Pedro se llamaba.
Quédate por esta noche,
tu dormirás en tu celda, yo dormiré en la tu cama.
A eso de la medianoche se fue el ama pa la cama;
don Pedro iba tras ella, pensando que es la criada.
Pasaron la noche juntos, ¡mira que es alta desgracia!;
a otro día a la mañana de la cama se levanta,
riñendo con los criados, con los criados de casa.
Don Pedro, de que lo oyó, de la cama se levanta:
Diga usted, la madre mía, ¿con quién tien[e] la baraja?.
La tengo contigo, hijo, que me tienes afrontada.
Don Pedro, de que lo oyó, pa Zaragoza se marcha.
Allá se estuvo quince años, sin escribir una carta.
Al cabo de los quince años, viene don Pedro pa casa.
A la entrada de la puerta se encontró con la zagala:
¿Madre, quién es esta niña, madre, quién es la zagala?.
Es una huerfanita que la hemos criado en casa.
Madre, si usted me dejara, yo con ella me casara.
Si te dejan tus parientes, yo también de buena gana.
A pesar de los parientes, se casó con la zagala.
La madre, de que esto vio, cayó malita en la cama,
pidiendo tinta y papel para escribir una carta:
Toma, don Pedro, esta carta, mira que está bien cerrada,
mira que no la has de abrir en lo que yo no esté enterrada.
Y en el primer renglón dice: «Es hija, mujer y hermana.
Para mí no busquéis cera, que yo ya estoy condenada,
y tú te has de meter fraile y ella monja en Santa Clara».