IGR: 0023+0110. Versión: 280. Rima: í-o+á. Hemistiquios 64.
Santiago de Cuba (Cuba)
Gerineldo, Gerineldo, paje del rey más querido,
yo te quisiera tener tres horas en mi castillo.
Como soy vuestro criado, señora, jugáis conmigo.
Yo no juego, Gerineldo, que de veras te lo digo.
¿Y a qué hora, gran señora, se cumple lo prometido?
Entre las doce y la una, cuando el rey esté dormido.
A las diez se acuesta el rey y a las once está dormido,
y a las doce, Gerineldo, yo te espero en mi castillo,
con zapatillas de raso para que no seáis sentido.
Veinte vueltas dio al palacio y otras tantas al castillo,
y a las doce de la noche en su alcoba se ha metido.
¿Quién ha sido el insolente, quién ha sido el malnacido,
que a estas horas de la noche en mi alcoba se ha metido?
Perdóname, Gerineldo, no te había conocido.
Lo ha tomado de la mano y en su cama lo ha metido;
se besaron, se abrazaron, como mujer y marido,
y el rey, que ha dado una vuelta, los ha encontrado dormidos;
no queriendo despertarlos, puso el puñal por testigo.
Ya que la infanta despierta, tres horas el sol nacido:
Despiértate, Gerineldo, levántate, amor mío,
que el puñal de mi padre entre los dos ha dormido.
¿Por dónde me iré ya ahora para no ser conocido?
Vete por esos jardines cogiendo rosas y lirios.
Pero el rey, que lo ha sabido, al encuentro le ha salido.
¿Qué te pasa, Gerineldo, que estás tan descolorido?
La fragancia de una rosa los colores me ha comido.
Es mentira, Gerineldo, tú con la infanta has dormido.
Mátame, mi buen señor, que lo tengo merecido.
No te mato, Gerineldo, que te crié desde niño,
pero mañana a estas horas seréis mujer y marido.
Tengo hecho juramento a la Virgen de la Estrella
de no casarme con dama que haya dormido con ella.