IGR: 0023. Versión: 76. Rima: í-o. Hemistiquios 60.
Castillo (ay. Arnuero, p.j. Santoña, Santander, España)
En el reino de Venecia hay un rey muy aguerrido;
este rey tiene una hija que es su ídolo querido,
y al cuidado de ella ha puesto al paje que es más querido,
y por nombre le da Gerineldito pulido.
Un día la princesita estas palabras le ha dicho:
Gerineldo, Gerineldo, Gerineldito pulido,
quién te tuviera esta noche tres horas a mi albedrío.
Porque soy vuestro criado bien os burláis conmigo.
No te lo digo de burlas, que de veras te lo digo.
Si me lo decís de veras, ¿cuándo es lo prometido?
A las doce de la noche cuando el rey esté dormido.
A las doce de la noche la princesa siente el ruido.
¿Quién ha llegado hasta aquí, de quién es ese ruido?
Soy Gerineldo, señora, que vengo a lo prometido.
El buen rey como no duerme el ruido les ha sentido.
Se levanta de la cama, se levanta enfurecido,
coge su espada en la mano y a ellos va dirigido.
Los ha encontrado en la cama como mujer y marido;
los ha llamado a los dos pero ya estaban dormidos.
Pensó matarlos allí, pero se ha arrepentido;
puso la espada en el medio para que fuera testigo.
Cuando vino la mañana el rey salió del castillo,
y se ha bajado al jardín a hacerse el entretenido.
El rey que ve a Gerineldo a él se ha dirigido,
y con la espada en la mano le ha dicho enfurecido:
La infanta perdió un clavel, dicen que tú le has cogido;
que le cojas, que le dejes, yo os velaré el domingo.
Yo promesa tengo hecha a la Virgen de la Estrella,
de dama que sea mía de no casarme con ella.
Que la quieras, que la dejes, tú te casarás con ella.