IGR: 0023. Versión: 75. Rima: í-o. Hemistiquios 84.
Dobres (ay. Vega de Liébana, p.j. San Vicente de la Barquera, ant. Potes, Santander, España)
¡Oh, quién tuviera la dicha que Gerineldo ha tenido,
que en el palacio del rey quince años le ha servido!
A la reina sirve el agua y al rey le lava el vestido,
y a la señora infantina la servía el pan y el vino.
Estando un día a la mesa estas palabras le dijo:
Gerineldo, Gerineldo, atiende a lo que te digo:
cuántas damas y doncellas desean hablar contigo
y yo también, Gerineldo, porque seas mi marido.
Como soy criado vuestro os queréis burlar conmigo.
No te lo digo burlando, que de veras te lo digo.
Si me lo dice de veras ¿a qué hora vendré al castillo?
A eso de la medianoche, cuando el rey esté dormido,
los zapatos en la mano para no hacer ruido.
A eso de la medianoche picó Gerineldo al castillo.
Ya despierta la infantina con un sueño espavorido.
¿Quién es el desvergonzado, mas quién es el atrevido
que a deshora de la noche viene a picar al castillo?
Gerineldo soy, señora, que vengo a lo prometido.
Pues si eres Gerineldo, serás muy bien recibido.
Y le cogió de la mano, le llevó a su cuarto mismo,
y al cabo de poco rato luego se quedan dormidos.
Ya llegó la hora y no había quien darle al rey el vestido;
se levantó muy enfadado, por el palacio se ha ido;
fuese al cuarto de la infanta donde siempre había dormido.
¿Qué tengo de hacer aquí ahora sin ningún testigo?
Yo si mato a la infantina mi reino queda perdido,
y si mato a Gerineldo mi pleito queda perdido.
Dejaré aquí mi espada que me sirva de testigo.
Ya despierta la infantina con un sueño espavorido.
Gerineldo, Gerineldo, despierta si estás dormido,
que la espada de mi padre entre los dos ha dormido.
Miente, miente la infantina, que la traje yo conmigo.
Miente, miente Gerineldo, que yo bien la he conocido,
que la de mi padre es de plata, la tuya de cristal fino.
Levántate, Gerineldo a mi padre dar el vestido.
A la segunda escalera la color se le ha torcido.
De dónde vienes, Gerineldo que vienes descolorido?
Vengo de escurrir los moros que nos han cercado el castillo.
Bien te sabes esculpar aunque eres pequeño y niño.
La infanta perdió una joya, dicen que tú la has cogido.
Pues esa joya, mi Rey, yo no la tengo vista.
Que la vieses, que la dejes, yo vos velaré el domingo.