Gerineldo v70

IGR: 0023. Versión: 70. Rima: í-o. Hemistiquios 52.

Llanos de Casanare (Colombia)

Una tarde Gerineldo    limpiando el traje de seda,
pasó la infanta y le dijo:    Gerineldo, yo quisiera . . .
¿De de veras me lo dice,    qué no se burle de mí?
Que de veras te lo digo,    yo no me burlo de ti.
A las diez se acuesta el rey    y a las once está dormido.
Eran las doce cabales    cuando Gerineldo fue ido.
¿Cuál es ese caballero    que a mis puertas ha venido?
Es el señor Gerineldo,    que viene a lo prometido.
Entre, señor Gerineldo,    y serás bien recibido,
dormirá en cama de rosa    donde hombre no ha dormido.
Eran las once cabales    cuando el rey `taba vestido,
cogió su espada en la mano    y se fue para el castillo;
los topó boca con boca    como mujer y marido.
Si yo mato a Gerineldo,    desde chico lo he querido;
pondré mi espada por medio    pa que sirva de testigo.
Se levantó la princesa    muy blanca y descolorida:
Levántate, Gerineldo,    qué sueño que hemos tenido,
que la espada de mi padre    por el medio ha amanecido.
Se levanta Gerineldo    muy blanco y descolorido.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Cogí una rosa en la mano    de lo más alto `el castillo.
Mientes, mientes, Gerineldo,    que con la infanta has dormido.
Y si dormí con la infanta    ¿qué delito he cometido?
El delito que cometes    yo te lo voy a decir:
que ella habrá de ser su esposa    y usted será su marido.
El dinero que yo tengo    no me alcanza pa el vestido.
¡Ay!, se lo daré de encima,    que eso es lo que ha merecido.

Bibliografía:
Recitada por un peón raso. Recogida en 1938. (Archivo: AMP). Publicada en RTLH 7 (1975), pp. 253-254. Reeditada en Díaz Roig 1990a, nº XIV, 12.1, p. 147.