IGR: 0136. Versión: 11. Rima: í-a. Hemistiquios 86.
Cataluña s. l. (España)
Moro, si vas a la España, traerás una cautiva
no sea blanca ni fea, ni gente de villanía.
Ve venir el conde Flores que viene de la capilla,
viene de pedir a Dios que le dé un hijo o una hija.
Conde Flores, conde Flores, tu mujer será cautiva.
No será cautiva, no, antes perderé la vida.
Cuando partió el conde Flores su mujer quedó cautiva.
Aquí traigo, reina mora, una cristiana, muy linda,
que no es blanca ni fea, ni gente de villanía;
no es mujer de ningún rey, lo es del conde de Castilla.
De las esclavas que tengo tú serás la más querida,
aquí te entrego mis llaves para hacer la mi cocina.
Yo las tomaré, señora, pues tan gran dicha es la mía
La reina estaba preñada la cautiva estaba encinta;
quiso Dios y la fortuna, las dos parieron un día.
La reina parió en el trono, la esclava en tierra paría.
Una hija parió la reina, la esclava un hijo paría;
las comadronas son falsas, truecan el niño y la niña:
a la reina dan el hijo, la esclava toma la hija.
Cuando un día la apañaba estas palabras decía:
No llores, hija, no llores, hija mía y no parida,
que si fuese a las mis tierras muy bien te bautizaría
y te pondria por nombre María Flor de la vida,
que yo tenía una hermana que este nombre se decía,
que yo tenía una hermana de moros era cautiva,
que fueron a cautivarla una mañanita fría
cogiendo rosas y flores en un jardín que tenía.
La reina ya lo escuchó del cuarto donde dormía;
ya la enviaba a buscar por un negro que tenía:
¿Qué dices, la linda esclava? ¿qué dices, linda cautiva?
Palabras que hablo, señora yo también te las diría:
No llores, hija, no llores, hija mía y no parida, etc. . . .
Si aquesto fuese verdad hermana mía serías.
Aquesto es verdad, señora, como el día en que nacía.
Ya se abrazaban las dos con grande llanto que había.
El rey moro lo escuchó del cuarto donde escribía;
ya las envía a buscar por un negro que tenía:
¿Qué lloras, regalo mío? ¿qué lloras, la prenda mía?
Tratábamos de casaros con lo mejor de Turquía.
Ya le respondió la reina, estas palabras decía:
No quiero mezclar mi sangre con la de perros maldita.
Un día mientras paseaban con su hijo y con su hija,
hecho convenio las dos, a su tierra se volvían.