El zancarrón de Mahoma v1

IGR: 5102. Versión: 1. Rima: é-o. Hemistiquios 102.

Tenerife s. l. (isla de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, España)

Hija de un padre muy noble    el don Antonio Moreno,
éste, por muerte que hizo,    salió de su patria huyendo.
Donde al medio de la mar    lo cogieron prisionero.
Lo compró, por cierto, un moro,    un toledano mancebo,
que lo llaman Agualá,    hombre de mucho respeto;
y este tal tiene una hija    que es esmero de Venus,
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    que andan muchos caballeros
moros por casar con ella,    pero hacía poco aprecio,
pues tenía su amor puesto    
en el cautivo cristiano    que le adora con desvelo.
Una noche quiso el cielo    que solo está en el jardín.
Como una favorecida,    dentro de las azucenas,
ella se fue a dar con él:    [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
Se me ha perdido un diamante    dentro de estas azucenas
y lo he venido a encontrar    en una fuente risueña.
Ese diamante, señora,    es un fuego que le quema.
Yo soy un pobre cautivo    para mirar a una reina,
aunque no dejo a mi Dios    por seguir ese otro afecto,
pues si dejase a mi Dios    por seguir a ese otro afecto,
pues después iría a padecer    eternamente al infierno.
Calla, cristiano, estás loco,    Mahoma, que está en el cielo,
si no quieres renegar    hay castigo más tremendo
que se había dado en Turquía    entre nobles caballeros.
Siéntate y te contaré    de su fin y nacimiento:
Mahoma, cuando su madre    lo parió, dándole el pecho,
de un letargo que le dio    padre y madre se murieron.
Un tío suyo buscó    y un ama dándole el pecho,
era muy impertinente    [. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]
y fueron y lo soltaron    y al monte fue de cabrero,
acompañó con un monje    hechizador y hechicero.
Un día yendo a paseo    vido una hermosa judía
y intentó de acariciarlo    con caricias y con ruegos.
Ella lo cuenta a los suyos,    y entre todos dispusieron
en darle muerte a Mahoma.    Sayón y muerte le dieron;
lo hicieron en cuatro cuartos    y se lo echaron a unos cerdos,
que se lo comieron todo,    hasta los mismos cabellos.
Una pierna les quedó,    y esta pierna ¿qué hicieron?,
a la Meca la llevaron    y en mil uniones la unieron.
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    onde la adora en silencio,
no sabiendo que él    estaba en los infiernos.
Dime, dime de tu Dios,    que ser cristiana pretendo.
Es mi Dios mi criador,    pues no conozco otro dueño;
de aves, plantas, animales,    es el creador supremo;
pues nació de Virgen pura    y más pura que los cielos.
Cuanto me has dicho te creo;    pero eso no te lo creo,
parir y quedar doncella    una mujer, no se cree.
Si me lo crees, lo crees,    puesto que claro lo vemos,
qué ¿no ves cuando la nave    camina por mar sereno
y después quedan las olas    sin señal de rompimiento?,
¿tú no ves cuando la luna    da en un vidrio de cristal,
por ahí penetra    la luna, sol y lucero
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    y siempre el vidrio está entero?
[. . . . . . . . . . . . . . . . . . .]    Ahora sí que te lo creo;
dame el agua del bautismo    que ser cristiana pretendo.

Bibliografía:
Recogida por José Peraza de Ayala, antes de 1941. Publicada en FERU 1-Canarias 1969, p. 246, nº 669. Reeditada en IGR-vulgar 1999, pp. 359-360.