IGR: 0333. Versión: 1. Rima: á-o. Hemistiquios 188.
España
En Burgos está el buen rey don Alonso el Deseado,
el octavo que en Castilla de tal nombre fue llamado.
Mirando andaba las Huelgas, aquel monesterio honrado;
míralo de parte a parte, porque él mismo lo ha fundado.
Triste andaba y muy penoso por verse tan alcanzado,
que ha gastado los tesoros que su padre le había dejado
haciendo guerra a los moros que en su reino habían quedado,
después que fue destruido por desdicha y gran pecado
de aquel buen rey don Rodrigo de los godos tan nombrado.
Entre sí mismo decía, y triste se andaba pensando
de dónde habria dineros para haber de guerreallos.
Rogando anda a Dios del cielo que le hubiese ayudado,
pues lo hace con tal celo de su fé haber ensalzado.
Piensa de favorecerse de los hombres hijos dalgo,
que le ayuden con un pecho muy pequeño y moderado;
cinco maravedís tan solos a cada uno ha demandado,
y para esto decirles a Cortes los ha llamado,
donde estaba ese don Diego de su casa más privado;
señor era de Vizcaya, en Castilla el más honrado,
con el cual tomó consejo para haber de comenzarlo.
Don Diego por le agradar luego se lo había dado:
Creo que será, buen rey, malo de ser acabado.
Comenzaldo vos, señor, yo os habré bien ayudado;
pero son tan libertados, que no querrán haber pechado.
Mis cinco maravedís en su presencia habré dado.
De esto se tuviera el rey por muy bien aconsejado.
Propuesto este caso en Cortes, de esta manera ha hablado:
Ya sabéis, mis caballeros, lo mucho que yo he gastado
guerreando con los moros que están en nuestro reinado.
Para hacer lo que querría me hallo muy alcanzado,
que he gastado los tesoros que mi padre me había dejado;
de los que me dejó mi aguelo ninguna cosa me ha quedado.
Ya veis que yo no lo despiendo donde sea mal gastado;
ayúdeme en esta guerra cada hombre hijo dalgo
con cinco maravedís, cada uno, en cada un año.
La cantía es tan poca, que muy bien podréis pagallo
sin vender vuestras haciendas ni haberos pobres quedado,
y con ellos ganaré para haberos bien pagado.
Allí se levantó don Diego, como fuese tan privado:
Bien habemos visto, rey, lo mucho que habéis gastado;
en cuanto cargo vos somos a todos nos está muy claro;
que os ayudemos en esto el reino habremos honrado;
Dios os dé tanta victoria, que la fé hayáis ensalzado.
Mis cinco maravedís helos aquí de buen grado.
El buen don Nuño de Lara luego se había levantado:
¿Has hablado como varón bien discreto y esforzado?
no lo quiera Dios del cielo ni tal hubiese mandado,
que hijo dalgo ninguno tal pecho hubiese pagado.
Hablando de esta manera, salido se ha de palacio:
Los que quieren ser pecheros con el rey se hayan quedado,
y los que quieren ser libres hayádesme acompañado.
De tres mil que dentro estaban no quedaron sino cuatro;
el uno era don Diego, y un camarero privado,
y con él dos pajecicos que quedaron a su lado.
De que fueron en su posada don Nuño les ha hablado:
Haced como caballeros, no os hayáis atribulado;
mirad aquellas hazañas de los hombres hijos dalgo
que han hecho en nuestras Españas del tiempo que es ya pasado.
Si tomaredes mi consejo yo os lo daré de grado.
Allí hablaron aquellos caballeros hijos dalgo:
Dédesnoslo vos, señor, que bien queremos tomallo.
Íos a vuestras posadas, armaos bien a caballo,
los cinco maravedís ataldos bien en un paño;
en las puntas de las lanzas los traigáis aquí colgado.
El consejo no fue aun dicho, cuando todo fue acabado.
.—Védesnos aquí, don Nuño, ved que nos habéis mandado;
prestos somos a complillo sin fuerza, de muy buen grado.
Allí hablara don Nuño, bien oiréis lo que ha hablado:
Vayan los dos de vosotros al rey a haber razonado,
que envíe luego a la pelea, donde lo están esperando,
al cogedor del tributo que su Alteza había echado;
allí están los hijos dalgo para se lo haber pagado.
Si el cogedor no volviere no se haya maravillado,
que en España los hidalgos ningún tributo han pagado.
Quien el tributo quisiere muy caro le habrá comprado.
Así se fueron los dos delante el rey a contallo.
El rey, vistas sus razones, se había mal enojado;
allí hablara don Diego discreto, sabio, esforzado:
Este hecho vos, buen rey, a mí me lo hayáis cargado:
vos me echéis a mí la culpa, decí que os lo he aconsejado,
desterréisme de estos reinos, mis tierras me hayáis tomado.
De esta manera, señor, lo habréis apaciguado.
A don Nuño el buen rey luego lo había llamado:
hablando de esta manera, el caso les ha contado:
Perdonáme, caballeros, porque yo he sido engañado,
que don Diego de Vizcaya me lo había aconsejado.
No quiero vuestro tributo, antes más libres vos hago.
Don Diego su mal consejo muy bien lo habría pagado;
destiérrenlo de mis reinos, sus tierras le han tomado
porque quien mal aconseja muy bien sea castigado.
Va desterrado don Diego, déjanlo deseredado;
mas a cabo de pocos días el destierro le han alzado;
dábanle todo lo suyo, y mucho más que le han dado:
todo fuera a pedimiento de los hombres hijos dalgo.