El moro que reta a Valencia v33

IGR: 0045. Versión: 33. Rima: á-o+á-a. Hemistiquios 106.

Marruecos s. l. (Marruecos)

Cercada está Santa Fuente    de un fino lienzo encerado,
ricas tiendas le rodean    de terciopelo y brocado.
En la más chiquita de ellas    está Cristo aseñalado,
en la cabeza de Cristo,    un rubí de oro esmerado,
que si la aprecias, el Side,    vale más que tu reinado.
A las dos horas del dia,    un moro se ha acercalado.
Sobre un caballo ha fletado    de muchas marcas marcado;
el moro que sobre él viene,    parece de grande estrado.
Un oído trae sordo,    el otro trae tapado;
un ojo tiene de vidrio    y el otro alcojolado.
La barba trae crecida,    y el cabello crezco y cano;
el brazo blanco y peludo    la metaz de él argeñado.
Antes que a Valencia llegue    un billete ha mandado.
¡Oy Valencia! y ¡oy Valencia!,    Valencia la bien cercana,
primero fuistes de moro,    que de cristianos ganada.
Ahora si Al-lah me ayuda,    a moros seréis tornada.
A ese perro de ese rey    yo le pelaré las barbas.
Su hija doña Urraca,    ésa la mi namorada;
su hija la más chiquita,    ésa me hace la cama;
la de los rubios cabellos,    ésa me enciende la guaya.
Su muger Ximena Roble,    ésa es la mi cocinera.
Oídolo había el buen rey    dende su sala ande estaba;
los dados tiene en la mano,    al suelo los arrollara.
Fuese para los palacios    donde la Urraca estaba.
En hora buena estéis mi hija,    mi estrella de oro esmerada.
En ella vengáis, mi padre,    espejo en que yo me miraba.
Levántate tú, la Urraca,    levántate de mañana,
quítate paños de siempre    y ponte los de la Pascua.
Con agua de esa redoma    arrevólate la cara
hasta que sacáis el rostro    como espada acercalada.
Con ciento de tus doncellas    asómate a la ventana.
Como pasare ese Sidi    retenérmele en palabras;
las palabras sean pocas,    en amor sean tocadas.
¿Como haré yo, mi padre,    que de amor no entiendo nada?
Yo te enseñaré, mi hija,    como si fuerais usada.
Ya se levanta la Urraca,    se levanta de mañana,
se quita paños de siempre    se ponen los de la Pascua.
Con agua de esa redoma    arrevólase la cara.
Con ciento de sus doncellas    asomóse a la ventana.
Ellos en estas palabras    el Sidi por ahí pasara.
¿Quién es ese, u cual es ese    que se pasa y no me habla?
El Sidi soy, mi señora,    que por ti doy el alma.
Que siete años habían, siete,    que estoy por ti a la ventana.
Otros tantos, mi señora,    que por ti colgo mi espada.
De tus amores, el Sidi,    tirarme por la ventana,
Si te tiraras, mi alma,    te recibiría en mi alda.
Ellos en estas palabras,    lárgua cosa rebuznara.
¿Qué es esto, mi señora?,    gran traición, tenéis armada.
No armo traición, al Sidi,    ni mi linaje lo usaba.
Los caballos de mi padre    no los han dado cebada.
Ellos en estas palabras,    el buen rey por ahí pasara;
la cabeza entre hombros    al suelo se la arrollara.
Levántate, perro Sidi,    demándame tu en mi casa.

Otros datos:
Nota: Véase Katz 1981-1982 (ficha bibliográfica nº 1896) para las transcripciones musicales de Antonio Bustelo, reconstruída la relación que faltaba entre texto y música en la publicación de Ortega.

Bibliografía:
Recogida por Antonio Bustelo, antes de 1919. (Colec.: Bustelo, A.). Publicada en Ortega 1919, pp. 252-254 (notación musical: p. 252).
[0067.6 Garcilaso y el Ave María contam.]