IGR: 0045. Versión: 1. Rima: á-a. Hemistiquios 89.
Guímara (ay. Peranzanes, p.j. Ponferrada, ant. Villafranca del Bierzo, comc. Fornela, León, España)
Allí viene un perro moro a todos desafiando,
ya tien[e] los dientes romos de morder a los cristianos.
[¡Oh Valencia, oh Valencia] oh, Valencia y valenciana!,
primero fuiste de moros que de cristianos ganada,
y mañana a esta hora serás de moros tomada.
Ese rey el gran vesir . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
le he de cortar la cabeza, le he de tirar por la barba,
y su hija doña Antonia ha de ser mi enamorada,
y su mujer doña Juana tiene que hacerme la cama.
Bien lo oyera el rey gran vesir de altas torres donde estaba.
Antoñita de mi vida, Antoñita de mi alma,
ese moro que ahí viene deténmelo de palabra,
las palabras sean pocas, pero de amores cercanas.
¡Ay padre de la mi vida, ay padre de la mi alma!,
yo de eso nada sabía, yo de eso no sé nada.
¿Quién es ese caballero que pasaba y no me hablaba?
Si no fuera por un poco, me arrojo de esta ventana:
Arrójese, la señora, yo la cogeré en mi capa.
¿Qué traía, el caballero, pa regalar a la dama?
Yo traigo un anillo de oro en la punta de mi lanza;
mujer que tenga este anillo nunca morirá encintada,
hombre que tenga esta espada nunca morirá en campaña.
Siete años había, siete, que por ti no me peinaba.
Otros tantos hay, señora, que por ti no quito barba.
¿Me lo dice de mentira o lo armas de maraña?
que en los palacios del rey un grande roido sonara.
Son las lanzas del rey mi padre que un chico las bamboliaba.
O lo dices de mentira o la armas de falagarla,
que en los palacios del rey un gran estruendo sonara.
Los caballos del rey mi padre rebrincan por la cebada.
Vete de ahí, perro moro, no digas que te soy falsa,
que el traidor del rey mi padre o en silla se acabalga.
No tiene potro tu padre que tras de mi yegua vaya,
si no fuera un potrezuelo que he perdido en la montaña,
y ese potro, señora, en esta tierra no estaba.
Ese potrezuelo, moro, mi padre le da cebada.
El moro, que esto oyó,
deja los caminos anchos y tira por las aradas.
Pega voces al barquero que le prepare la barca.
El barquero es su amigo, ya la tiene preparada.
Donde Baya saca el pie, Babieca pone la pata.
¡Oh que mal ea el hijo que a su madre maltrataba!
¡Oh que mal ea la madre que a su hijo no esperaba!
Yo no siento la mi muerte aunque la vea cercana,
yo no siento mi mujer, que me queda embarazada,
yo siento por la mi yegua, que entre cristianos quedaba.