El moro alcaide de Ronda v1

IGR: 2226. Versión: 1. Rima: í-a. Hemistiquios 92.

España

El moro alcayde de Ronda    se sale de su alcaydía
la mañana de San Iuan    al punto que amanecía,
en vn hermoso cauallo    que el rey dado se lo auía,
ricamente adereçado    cubierto de oro la silla,
conforme con el vestido    que el moro lleua aquel día,
que es de amor desesperado.    Vista marlota amarilla,
vn albornoz lleua azul,    que en mil sospechas viuía,
no le estorua en yr galán    para lo que pretendía,
porque debaxo lleuaua    cota de malla muy fina
y en el adarga embraçada    borlas de azul y amarillas,
con vn mote puesto en ella    que desta suerte dezía:
«Al que ama sin esperança    dársele deue algún día».
Y en entrando por la plaça    vido la cauallería
en muy hermosos cauallos    enjaezados a porfía,
que por dar gusto a las damas    cada qual se apercebía,
a dalles el alborada,    como es costumbre del día.
Sus amigos se le offrecen    de tenelle compañía;
él de todos se despide    con entera cortesía.
Antes de salir de Ronda    fue a la calle de su amiga;
vióla estar a vna ventana    por ver la cauallería,
y apercibiendo el cauallo,    la calor toda perdida,
la saluda, y dize assí:    Alá te alargue la vida,
y a mí quiera dar victoria    solamente en este día,
pues por boluer en tu gracia    voy a auenturar la vida
con el mejor cauallero    que habita en Andaluzía;
desafiado le tengo,    y don Manuel se dezía.
La mora, muy desdeñosa,    respuesta no le boluía,
que de zelos y sospechas    aborrecido le auía;
quítase de la ventana,    que encubrir no lo podía.
El moro, desesperado,    al campo tomó su vía;
tras mil sospechas muy tristes,    estas palabras dezía:
Presto verá mi señora    vengança si está offendida
de mis passados seruicios    y de fe tan firme mía,
pues que viuo assí la ofendo,    no ay para qué dessear vida,
y mal podré defendella    en el trance deste día,
siendo tan brauo el contrario    y ayudándole mi amiga.
Y diziendo estas palabras    al campo llegado auía,
donde vio al fuerte guerrero    que al desafío venía.
Rompen los dos tan furiosos,    las lanças hazen astillas
y con vn cabo de lança    don Manuel le sacudía
al moro vn pesado golpe    con que presto le rendía,
el qual lo mató en el campo,    y muriendo, assí dezía:
Ya yo muero, don Manuel,    pero no de tus heridas,
que las que en el alma traygo    me dan muerte conocida,
y muy contento y pagado,    pues con mi muerte alegría
tomará quien amo y quiero    más que a mi alma y mi vida.

Otros datos:
Nota: -16b c. e. c. va entre paréntesis. Del texto impreso en el Rom. hystoriado (reed. Rodríguez-Moñino), modifico sólo la puntuación y el uso de las mayúsculas.

Bibliografía:
Documentada en 1582 en Rodríguez, Romancero historiado, Alcalá de Henares: Querino Gerardo, a costa de Hernán Ramírez, 1582 (Del moro alcayde de Ronda, y de don Manuel). Reeditada en Rodríguez-Moñino 1967, ed. Romancero historiado de Lucas Rodríguez (1582), pp. 127-128 y Correa 1999, vol. 2, IX.11 VI, pp. 670-672.