IGR: 0868. Versión: 1. Rima: á-o. Hemistiquios 103.
El Cabezo (ay. Alajeró, p.j. San Sebastián de La Gomera, ant. Santa Cruz de Tenerife, isla de La Gomera, Santa Cruz de Tenerife, España)
Estando Marcos de Alfaro un día en el mar pescando,
lo cautivaron los moros y a su tierra lo llevaron.
Lo compró un moro muy rico, que es` el rey de Ager hermano,
y a su mujer le decía: Aquí te traigo un esclavo
para que te sirva a gusto y te haga tus mandados.
Ya te he dicho a ti, marido, que no trates con cristianos,
que tienen las manos blancas y de la color hidalgo.
Calla, calla, perra mora, yo lo haré a mi mandato:
de mañana en adelante la viña me va cavando;
la azada pesa cien libras y otras tantas pesa el cabo,
que yo le haré criar cien callos en cada mano.
Siete años le sirvió a gusto, con paciencia, los trabajos;
donde al cabo de ese tiempo le dice el moro a don Marcos:
Ven acá, Marcos, -le dice- ven acá, sube al palacio,
si te casas con mi hija este convenio te hago:
tú serás rey en mi tierra, yo también te daré el mando
y heredarás la corona que te la ha de dar mi hermano;
y si no, yo te haré el caso más lastimado
que se ha notado en Argel. Es lo que yo a ti te hago:
te tranco en una mazmorra y te ato pies y manos,
te doy a comer por onzas y de beber otro tanto.
Viendo Marcos el castigo, con la mora se ha casado;
y por no dormir con ella la noche que se casaron,
le dice: –Yo me veí tres galeras de cristiano[s],
ya hemos de ir a cogerlo[s] con caballeros hidalgos,
con uno de tus guerreros bastan para cautivarlo[s].
Siguió Marcos su viaje y en su camino ha encontrado
un Jesucristo enclavado.
Se hincaba de rodillas, bastecido en tierno llanto.
Levántate de ahí, devoto, de la Virgen del Rosario,
no tengas miedo a los moros que yo los tengo a mi mano,
echarás tu barco al agua y pondráste a manejarlo.
En el nombre de Mahoma todos se van embarcando,
en el nombre de María sólo se embarca don Marcos.
Llegaban al puerto tarde y Marcos ha determinado:
Fui cocinero en mi tierra, que he hacer por mi mano
una pulida cazuela para que de ella comamos.
Una hizo pa los moros y otra para él, que es cristiano;
los moros que comen de ella todos cayeron borrachos.
Y a las dos de la mañana, dando el primer canto el gallo,
que tocaban las campanas, le dice el moro a don Marcos:
Di, Marcos Alfaro, en tu tierra ¿si hay campanas o hay gangarros?
Gangarros no, que hay campanas que yo las siento tocando.
Di, perro moro, en tu tierra si hay Dios que haga milagros
como los hace este mío en el convenio de un rato:
sana mancos y tullidos y mejora el que está malo
y resucita los muertos después de estar enterrados.
Sanar mancos y tullidos lo puede hacer cirujano,
pero resucitar muertos, eso es mentira, cristiano.
Pues si no lo quieres creer en el convenio de un rato
en Argel anochecimos y en España nos hallamos.
En la otra segunda parte le[s] diré lo(s) que quedamos