El caballero enamorado v1

IGR: 5139. Versión: 1. Rima: é-o. Hemistiquios 154.

San Francisco del Monte (Santiago, Chile)

En el nombre de María,    madre del divino Verbo,
amparo de pecadores    y de afligidos consuelo;
para que mi torpe pluma    alumbre mi entendimiento,
es necesario pedir    a Dios que nos dé consuelo,
a la Virgen del Rosario,    Señora de los Remedios,
me dé su favor y auxilio    y alumbre mi entendimiento:
las tres grandezas del mundo    tengo para mi consuelo.
Esténme atentos los montes    y cesen los cuatro vientos.
la gran corona d`España    tenga descanso y sosiego . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
En esta ilustre ciudad    habitaba un caballero
hermosísimo en extremo:    pienso que el divino cielo
le emprestaba su hermosura    de lo mayor a pequeño.
Sale una alegre mañana    muy galán y muy compuesto,
que nacen pulidas flores    donde pone el pie pequeño.
Vido estar en un balcón    peinando rubios cabellos. . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Enamorado le dice:    Mi vida, mi bien, mi cielo,
rico clavel encarnado,    azucena, lirio bello,
merezca verse en la gloria    quien merece ver tu cielo.
Tanto lo miró la dama,    por ser galán en extremo,
que se ha quitado un anillo    y se lo echa al caballero:
Perdonad, señor, le dice,    el tamaño atrevimiento,
que yo me holgara que fuera    la corona d`este reino.
Si me hubiera de casar,    fueras mi querido dueño,
porque aquí ese galán talle    merece gozar lo bueno.
Con una mano lo doy    y con l`otra me detengo;
no tengo yo amor a nadie,    sólo a la Reina del cielo.
Pongo en sus benditas manos    palmas de tan alto precio,
coronas que de laureles    Ella nos llevará el premio.
Tengo el corazón de bronce    y sus alas son de acero,
con un diamante en el pecho,    que a todos los hombres venzo.
Dijo, y cerrando el balcón,    dejando oscuros los cielos,
y sin resplandor la luna,    y el vivo sol sin espejo;
dijo, y dejándolo afuera    cercado de pensamientos,
que de pesares diversos,    quedó sin alma en el cuerpo.
Al campo se sale un rato    por divertir su tormento,
y por ver correr las aguas    al paso que van corriendo,
hechas culebras de plata    por aquel cristal resuello.
Alza los ojos, y ve    las aves que por el viento
alegres pasan cantando;    baja los ojos diciendo:
«Sólo para mí hay pesares    y en todó el mundo contento».
Saca una cruz colorada    que guarda dentro del pecho,
con una estampa, pintado    el divino Sacramento;
hablando con él a solas,    estas palabras diciendo:
«Juro a esta cruz encarnada    y al Señor que aquí venero,
que he de gozar tu hermosura    a pesar del mundo entero,
cuando no por voluntad,    o por engaño manifiesto».
. . . . . . . . . . . . . . . . . . .    . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Y empezándose a vestir    este noble caballero,
púsose un calzón de raso    aforrado en terciopelo,
unas medias naranjadas    con unos zapatos negros,
una espada de seis cuartas    y de muy finos aceros,
una extremada rodela    y un precioso anticoreto.
Sale a las diez de la noche,    cuando todo está en silencio;
mas la Virgen del Rosario,    Señora de aos Remedios,
a tres ángeles hermosos    mandó bajasen del cielo,
a resguardar esta dama    miéntras que estaba durmiendo.
Bajaron tres serafines    en tres caballos ligeros,
tan blancos que parecían    la nieve que va cayendo.
El capitán de los tres    llega y le habla primero:
Guárdele Dios, camarada.    Guárdeles Dios, caballero.
¡Y qué hora tan dilatada    le aguardo a usté en este puesto!
No quiera por un deleite    perder la gloria y el cielo,
y manchar el limpio honor    que está encerrado en el pecho
de aquí esta noble doncella,    porque los tres le daremos
la muerte tiranamente,    que así es mandado del cielo.
Primero tengo de ver    manchado este limpio acero
con la sangre que hoy corriere,    si me mueven d`este puesto.
Principiaron la batalla,    el desafío más fiero
que no se ha visto en España    desde que nos conocemos.
Mas la Virgen del Rosario,    Señora de aos Remedios,
en este hermoso planeta,    puso su espada por medio.
Los tres ángeles hermosos    se parten para los cielos,
y en el balcón d`esta dama,    hermosísimo portento,
dejaron una corona    labrada, de mucho precio.
Viendo el milagro patente    este noble caballero,
su hacienda le dio a los pobres    y sirvió al Rey de los cielos;
fue el predicador más sabio    que ha habido en el universo.
Ejemplo a las criaturas,    y a todos nos dé consuelo.

Otros datos:
Notas de V. C. : -12a emprestaba: es más usado que prestar por el pueblo; -15a vido: La tercera persona del presente de indicativo de ver se pronuncia a veces vío, y, afectadamente, vido; -37b sic; -43a con él es decir, consigo; -51b Antecoleto o sea acoleto de antes?; -75a le: en Chile, el pronombre dativo oblicuo de tercera persona se emplea siempre en singular, aún en lo escrito, cuando precede al complemento: "Pedro le dio el dinero a los otros".

Comentario de V. C. : No encuentro este romance en ninguna de las colecciones que tengo a la vista, y por lo que esta versión permite juzgar de su mérito, me parece no ser mejor ni peor que el promedio de los de su clase.

Bibliografía:
Recitada por Manuela Espina (30a). Recogido entre 1900 y 1912. (Colec.: Vicuña Cifuentes, J.). Publicada en Vicuña Cifuentes 1912, nº 109, pp. 299-303.